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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 384

Sofía dio un paso al frente, bloqueando la entrada y cortando la línea de visión de Iván hacia el interior de la habitación. Un rechazo evidente.

Sin embargo, Iván mantuvo su sonrisa relajada.

—Sofi, ¿sigues enojada conmigo?

Inclinó la cabeza, tratando de buscar un ángulo para mirar hacia adentro.

Reconocía que lo que habían hecho sus padres al robarse a Sebastián y a Ana había cruzado los límites.

Pero Sofía ya había llamado a la policía y sus padres estaban detenidos. Ya habían recibido su merecido castigo y estaban pagando por las consecuencias de sus actos.

Para él, eso ya era suficiente.

Además, dentro de toda la tragedia con los niños, había algo positivo: no habían sido enviados a la casa de Leandro Corona. Y gracias al accidente, ambos hermanos habían sido operados de emergencia, solucionando problemas que traían desde que nacieron.

Estos dos pequeños habían nacido prematuros, débiles y con un peso peligrosamente bajo. Había sido Sofía quien, utilizando todos sus conocimientos médicos, logró salvarlos durante el embarazo. Desde recién nacidos eran enfermizos; Sebastián tenía su hernia y Ana su problema cardíaco.

Con el ingreso de emergencia al hospital, el destino había tomado la decisión que Sofía posponía, curando por fin los padecimientos crónicos de los niños.

Viéndolo de forma objetiva, Iván consideraba que el incidente no había sido tan grave y que, a fin de cuentas, la paz familiar debía prevalecer.

Pero Sofía cerró la puerta de la habitación a sus espaldas.

Al ver su paso bloqueado, Iván suspiró, pero siguió sonriendo.

—Estás haciendo una rabieta, Sofi. No me dejas ver a los niños, pero sabes que me extrañan. Hace mucho que no ven a su papá.

Levantó la caja de la muñeca Barbie para que Sofía la viera.

Era el juguete favorito de Ana. Ahora que estaba débil y convaleciente, era cuando más necesitaba a su padre. Estaba seguro de que si él entraba con el regalo, la niña se llenaría de alegría al tenerlo cerca.

Al ver la sonrisa confiada de Iván, Sofía fue tajante:

—Mis hijos no tienen un padre como tú.

—Sofi... —el rostro de Iván cambió sutilmente.

¿Por qué Sofía ya no lo escuchaba? Hoy estaba siendo irracional.

Se portaba fría y hasta le contestaba de mala gana. Si no fuera porque entendía que estaba estresada cuidando de dos niños recién operados, él ya se habría enfadado.

De pronto, la puerta rechinó y se abrió solo una rendija.

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