Iván intentó forzar la entrada para meterse en la habitación, pero Sofía lo agarró del brazo, lo tiró hacia atrás y lo empujó contra la pared del pasillo.
—Sebastián me está faltando al respeto, ya no me quiere como padre. Entonces... ¿a quién piensa llamar papá? —rugió Iván, furioso.
—A quién llamen papá mis hijos es un asunto de mi familia y a ti no te incumbe —le advirtió Sofía con frialdad.
—De lo único que debes preocuparte es de dos cosas: primero, olvídate de que tus padres van a conseguir un acuerdo conmigo. Y segundo, la propiedad de la Calle Aurora No. 18 fue una herencia del abuelo. En su testamento quedó estipulado que, si los tres no podíamos convivir, separaríamos bienes y nos tocaría un piso a cada uno. Prepárate y espera a que mi abogado te contacte para hacer el cambio de escrituras.
Iván enrojeció de ira. —Sofía, ¿me estás traicionando?
Sus hijos ya llamaban papá a otro hombre, y ahora ella quería dividir los bienes para desvincularse por completo de él.
—¿Acaso olvidaste lo que Leandro te hizo? —escupió Iván, con el rostro desencajado.
¿Cómo podía volver con el hombre que casi la mató de sufrimiento?
Mientras más hablaba, más se enfurecía. Iván perdió por completo el control.
—Sofía, ¿olvidaste cuando la madre de Leandro te incriminó? ¿Cuándo te encerró en El Cuarto Oscuro sin darte de comer, torturándote psicológicamente durante 17 días mientras convivías con ratas?
—¿Olvidaste cuando, estando embarazada de Sebastián y los demás, fuiste a buscar a Leandro bajo la lluvia torrencial, solo para descubrir que él e Isabel Molina se iban a comprometer? ¿Que vivían en una mansión lujosa, jurándose amor eterno?
—¿Acaso olvidaste cómo "moriste"?
—Fuiste brutalmente atacada, te dieron un golpe letal en la cabeza.
—Estabas embarazada de cuatrillizos, te doblaron las extremidades a la fuerza y te metieron en una maleta...
—¡Cállate! —gritó Sofía. Un dolor punzante le atravesó el cráneo.
Se apoyó en el marco de la puerta y, con las pocas fuerzas que le quedaban, lo corrió.
—¡Lárgate!
Temblorosa, agarró el picaporte, abrió y entró arrastrando los pies.
Cerró la puerta de golpe.
Se dejó caer, apoyando la espalda contra la madera.
—Sofi, ¿qué te pasa? —escuchó a lo lejos la voz de Karina. Intentó abrir la boca, pero las palabras no salían.
Sintió que su cuerpo se desplomaba. Sus piernas ya no la sostenían.
Su visión se nubló hasta oscurecerse por completo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA