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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 667

Isabel soltó una risita vanidosa. —Bueno, supongo que el mérito de que sea así es de quien lo inspiró.

—Sí, sí, sí, claro —bufó Clara con sorna—. Es porque se trata de ti, y Leandro está perdidamente enamorado de la diosa Isabel. Es tu perro fiel, encadenado para siempre a tu cuello.

Apenas terminó de hablar, se escuchó un ruido.

La dueña del bar apareció en la puerta después de dar un par de golpecitos rápidos.

Conocida por todos como Flora, era una madura despampanante de poco más de cuarenta años que sabía explotar sus curvas de manera magistral.

En su juventud había concursado en varios certámenes de belleza, logrando colarse con gran éxito en los círculos de la alta sociedad. Era un secreto a voces que la mitad de los millonarios de Rosarito habían pagado por sus favores en algún momento de sus vidas.

Isabel la conocía bastante bien.

—Vaya, Flora, qué agradable sorpresa encontrarte hoy por aquí.

Flora retiró el cigarrillo encendido que descansaba entre sus gruesos labios pintados de rojo furioso. —Andaba estirando las piernas por los pasillos y el gerente me avisó de tu llegada.

Haciendo un ademán con la mano, le indicó a su asistente que colocara dos exclusivas botellas de licor sobre la mesa.

—Cortesía de la casa —dijo, antes de clavar la mirada en el vientre de Isabel—. Y dime, ¿de cuántas semanas estás?

La sonrisa de Isabel derrochaba ternura y dicha. —Diez semanas y tres días.

Menos de tres meses.

Pero la pequeña protuberancia ya era evidente bajo la delicada seda de su vestido.

Los ojos de Flora destellaron con picardía y soltó una risa ronca. —El bebé va bastante adelantado. Ya veo que esas maravillosas caderas del joven señor Corona son más eficaces de lo que parecen.

Isabel, ruborizada pero inflando el pecho de orgullo, aclaró: —En realidad, son gemelos.

—¿Me estás diciendo que vienen dos de golpe?

—Así es, el joven señor Corona le atinó dos veces en un solo tiro.

Flora volvió a mirar el vientre hinchado y sus ojos delineados parecieron lanzar chispas seductoras. —El pequeño rey de Ciudad del Mar, sin lugar a dudas, es un hombre con talentos muy singulares.

Acto seguido, dio un giro inesperado a la charla.

—El muchacho te trata como si fueras la mismísima Virgen María. Pocas veces he visto a un hombre de su nivel económico con una paciencia tan infinita, de esos que todavía dejan que su mujer embarazada se venga de copas al club en lugar de tenerla encerrada como prisionera en una torre de marfil.

—¡Es que me ama con locura! —proclamó Isabel con total desfachatez.

Flora le frotó amistosamente el hombro. —Eres una mujer bendecida, mi querida Isa. Cuando los hombres de verdad caen, son capaces de construirle un castillo a la mujer dueña de su corazón.

—Y a las que no aman, se dedican a hacerles la vida un absoluto infierno —remató Isabel con una carcajada cruel.

—Dímelo a mí —suspiró Flora con tono de complicidad—. Justo hace unos días, aquí mismo en Residencial Vista Verde, el CEO de una empresa cotizada en la bolsa pagó para que un matón amenazara a su pobre exmujer hasta volverla loca y terminar encerrándola en un psiquiátrico. Todo porque quería que la amante embarazada se quedara con el puesto de señora titular.

Ese era el tema favorito de Isabel; ella misma se consideraba toda una experta.

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