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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 670

Gracias a las venenosas manipulaciones y persistencia de Isabel, ambas unieron fuerzas bajo la misma bandera de odio, jurando ejecutar su ansiada venganza.

Yanina apareció en el bar al poco rato, con aspecto demacrado y llevando puesta una bata de estar en casa, de esas que usan las recién paridas.

Estaba cubierta de un aura sombría y de rabia pura. Sin cruzar palabra, se sentó de golpe, agarró una de las botellas por el cuello y empezó a beber directo a grandes tragos.

Gema Guerrero, que había acompañado a Yanina por invitación suya, jaló la otra botella hacia su lado y también comenzó a beber con desesperación.

Parecían dos plañideras ahogando el resentimiento y sus miserias en alcohol barato.

Isabel y Clara saltaron de sus asientos de inmediato para tratar de quitarles el licor.

Isabel corrió al auxilio de Yanina: —¡Estás loca, cuñada, tú no puedes tomar una sola gota!

Hacía apenas un par de semanas, a Yanina la habían forzado a abortar al bebé de cuatro meses que llevaba en el vientre; ahora mismo se encontraba en el delicado periodo de recuperación postparto.

Mientras tanto, Clara intentaba consolar a Gema: —¡Cálmate, Gemi, ya deja la botella, te vas a hacer daño!

Gema Guerrero no era otra que la amiga calienta-braguetas de la que Clara había hablado un par de capítulos atrás: la misma urgida que se moría por llevarse a la cama a Leandro Corona, y que en su desesperación de madrugada había llamado al gigoló, siendo atrapada en pleno acto por su novio oficial.

Esta libertina de altos vuelos resultaba ser la hermanita menor de Gael Guerrero.

Es decir, la mimada y consentida heredera de la influyente familia Guerrero de Rosarito.

Después de empinarse media botella de licor puro a palo seco, las dos desdichadas terminaron desplomadas en llanto escandaloso sobre los hombros de Isabel y Clara.

Isabel palmeó la espalda de Yanina con fingida ternura: —Ay, pobrecita... te juro que le haremos pagar a esa ramera por todo el sufrimiento que te ha causado.

Yanina resopló, secándose los mocos ruidosamente: —¿Y entonces qué... cuál es tu gran plan?

Isabel no perdió el tiempo y procedió a detallar todo lo que acababa de tramar junto a Clara.

El objetivo principal para su ataque era la Señora Solis. Tras el despido de Sofía, la anciana había descuidado sus remedios naturales y rutinas. Durante las primeras semanas se había mantenido bien gracias a la reserva de vitalidad que había acumulado, sintiéndose arrogante por no depender de la presencia de la doctora.

Pero poco más de un mes después, los beneficios comenzaron a disiparse y su salud se desplomó de manera estrepitosa.

El clímax llegó cuando Samuel Solis, en un arranque de locura por amor a Karina, intentó saltar de un edificio; el impacto para la anciana fue tal, que su rostro se tiñó de una palidez mortecina, llena de manchas oscuras de sangre estancada.

Para rematar, la semana anterior, en la revisión de los marcadores tumorales de su operación, el doctor les informó confidencialmente que el cáncer había hecho metástasis, y que la matriarca tenía los días contados.

La Señora Solis estaba muerta de miedo, ansiosa por encontrar un milagro o curandero que lograra comprarle un par de años más de vida en esta tierra.

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