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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 669

Además, el heredero de la familia más rica y poderosa del país era una mente brillante, un hombre astuto que dominaba como pocos el mundo de los negocios.

Si los críos no fueran sangre de su sangre, jamás los habría mimado como lo hacía.

Pero la realidad era otra muy distinta.

En cuanto al origen de los dos hijos de Sofía, Clara manejaba información de primera mano y verídica dentro de la familia Salinas: la mismísima Sofía lo había confirmado delante de todos y sin titubear; los niños eran del difunto exmarido.

Aquellos críos no compartían ni un miserable gen con Lorenzo Lira.

Al constatar que Isabel estaba dando palos de ciego, Clara comprendió que, en realidad, esa mujer no sabía absolutamente nada del pasado de Sofía, por lo que no quiso darle más vueltas al asunto.

Sin embargo, dada la malicia natural y la inteligencia maquiavélica de Isabel, la cual estaba por encima de la media, a Clara se le prendió el foco.

Decidió que sería buena idea pedirle una pequeña "asesoría".

—Oye, si quisiéramos revelar frente a la familia Lira todo el escándalo sobre el divorcio y los trapitos sucios de Sofía, ¿cómo nos aconsejarías proceder?

Un brillo casi depredador apareció en el fondo de los ojos de Isabel.

Estaba eufórica.

—¿Me estás diciendo que los Salinas están a punto de tirarle a matar a Sofía Valdivia?

Si lograba que fueran las propias manos de los Salinas las que arrastraran a Sofía al fango y la destruyeran para siempre, por fin podría dormir en paz, sabiendo que su venganza estaba servida.

Clara lo soltó con diplomacia. —Por el bien de nuestra querida Lilia, mi familia tiene la obligación moral de intervenir.

Isabel dio un golpe a la mesa con entusiasmo. —¡Es maravilloso! Qué familia tan cálida y unida tienes. Lilia es tu hermanita menor, nacida del mismo padre y la misma madre; comparten la misma sangre y los mismos genes. Su felicidad es también tu felicidad.

Clara bajó la mirada, incómoda.

Lilia no había sido concebida en el vientre de Josefina Salinas.

Lilia era, ni más ni menos, que el fruto del pecado, la hija de la amante de su padre; y todos los Salinas habían sido los grandes idiotas en un teatro que había durado la absurda cantidad de veinticuatro años.

Pero eso no importaba.

Con su sola existencia, Lilia, como un hermoso y frágil angelito, iluminaba las vidas de toda la familia.

Su enorme corazón, el profundo amor que demostraba por todos y su respeto filial, eran cosas que esa vulgar de Sofía no tendría jamás.

Sin duda, el vínculo con la hermana legítima no le llegaba ni a los talones al amor que sentían por su hermanita ilegítima.

Los Salinas, poseedores de una moralidad intachable, sabían perfectamente la diferencia entre el bien y el mal.

Lilia valía su peso en oro, y la familia estaba dispuesta a destruir lo que fuera por verla brillar.

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