Celeste tardó en regresar.
Sebastián decidió ir a buscarla.
—Mamá, voy a ver dónde está la abuela Celeste.
A los niños les gustaba explorar, y la valentía era algo positivo. Normalmente, si Sofía consideraba que el área era segura, lo dejaba actuar libremente.
Tomó una servilleta, le limpió la boquita y le dijo con ternura:
—Solo muévete donde pueda verte, no te alejes mucho.
—Entendido.
Sebastián infló el pecho con orgullo. Era muy obediente. Se acercó a la zona vacía de primera clase, que era la más cercana, y giró su cabecita buscando a la abuela Celeste.
Mientras estaba concentrado buscando, de repente escuchó la voz de su hermana mayor, Julieta Quintana.
La voz venía de atrás. Se volteó y la vio de pie junto al estanque, hablando por teléfono de espaldas a él. En su mano sostenía un enorme helado decorado.
A él le gustaba mucho ese helado. Cuando su mamá les pidió que eligieran qué comer, él había visto el precio: cada helado costaba casi trescientos pesos.
Había pasado saliva en ese momento, pero, en vez de elegir el postre, pidió un platillo de cerdo agridulce. Por el mismo precio, el helado solo le alcanzaría a él, pero el platillo de comida lo podían compartir entre todos; era mucho más razonable.
Julieta parecía ansiosa mientras hablaba sin parar.
[Tía Selina, ¿tampoco vas a estar en casa esta noche?]
Como la conversación mencionaba a su familia, Sebastián tenía que escuchar. Se acercó a una silla cercana y se trepó en ella, tratando de hacerse pequeñito.
Julieta continuó: [A mi tío le toca trabajar de más y su piel se reseca mucho. Me da tristeza verlo así. Quería pedirle a Sofía que le hiciera una de esas cremas naturales como regalo.]
Al parecer, Sofía se había negado, porque el tono de Julieta se volvió frío.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...