La obligación del estudiante era hacer la tarea; si estaba bien o mal, era problema del maestro.
No era como cuando Sofía estaba en casa, obligándolas a revisar las tareas, luego ella misma las verificaba y las hacía corregir cada error.
El fin de semana era demasiado corto. Entre hacer la tarea, corregirla y demás, ¿a qué hora iban a usar el celular o la tablet? ¿Quién podía aguantar que la trataran como a una máquina de estudio?
Al romper su relación con Sofía, por fin sintieron un respiro.
Jimena se quedó pensando un momento.
—Yo tampoco quiero perdonarla. Mi mamá nos decía que nos portáramos bien con ella porque nos mantenía a los tres, pero ahora ya no importa. Sofía no tiene trabajo, ya no tiene plata; no puede pagar nuestros gastos, ni comprarnos comida buena ni pagarle a alguien que nos cocine.
Sofía ya no servía para nada. Su valor había desaparecido junto con su empleo, y conservarla solo les traería problemas.
Julieta resopló. —Va a terminar siendo una carga para nuestra familia.
Jimena asintió. —Ojalá se largue pronto para que la tía Selina ocupe su lugar.
Selina era la novia de su tío. Era ella quien administraba su dinero. Si se mudaba con ellos, recuperarían todos los beneficios que tenían cuando Sofía los cuidaba, pero esta vez a manos de Selina, quien se haría cargo de todos los pagos y caprichos diarios.
Ese mismo día, Julieta ya había experimentado la calidez de Selina: una mujer de mente abierta, dulce y considerada. Todo lo contrario a Sofía, que solo sabía asfixiarlas exigiéndoles que estudiaran todo el tiempo.
—Estoy de acuerdo. Tenemos que hacer todo lo posible para que la tía Selina se mude con nosotros —afirmó Julieta.
Al escuchar todo esto, a Sebastián se le hinchó el pechito de coraje.
Enderezó su pequeña espalda y su cabecita asomó por encima de la mesa.
—¡Sebastián! —gritó Valentina Molina, que había estado ahí de pie aburriéndose y acababa de notar su presencia.
Al segundo siguiente, Valentina lo señaló con prepotencia. —¡Esa mesa es de mi tío Leandro! ¿Quién te dio permiso de sentarte ahí?
Soltó la mano de Jimena y corrió hacia él, levantando el puño para golpearlo.
Valentina se puso las manos en la cintura y levantó la barbilla con actitud arrogante.
—¡Sebastián! ¡Si quieres buenos asientos, dile a tu propio tío que te los pague, no te andes robando los de mi familia!
—¡Ay, verdad! ¡No tienes ningún tío rico!
—Pues entonces dile a tu papá que te los pague.
—Aunque, para eso, tu papá tendría que ser un presidente poderoso y millonario como mi tío Leandro. Así sí podría pagar lugares exclusivos.
Después de alardear de su tío, Valentina corrió hacia Julieta y Jimena.
Ambas extendieron los brazos de inmediato, tomándola de las manitas y colocándola en el medio para protegerla. Valentina se pavoneó, triunfante.
—¡Ya ves, Sebastián! ¡Tengo dos hermanas mayores que me van a proteger! ¡Si no te largas y sigues robándote mi lugar, les diré que te den una paliza!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...