Las políticas del Grupo Orizon estipulaban que el responsable de los departamentos de nivel S debía tener el cargo de vicepresidente, mientras que para los niveles A y posteriores bastaba con el de director general.
Al firmar a los artistas, Silvio siempre realizaba una investigación de antecedentes, por lo que conocía perfectamente la verdadera relación entre Magdalena y el señor Suárez.
Al recibir la solicitud de recisión, Silvio pensó que había leído mal.
Cualquiera con dos dedos de frente sabía que el señor Suárez no amaba a Magdalena; al menos, no era la clase de amor que lleva al matrimonio.
Dentro de la empresa, la presencia de Magdalena era nula.
El señor Suárez nunca la llevaba consigo a sus eventos sociales.
Siendo sinceros, las condiciones que Estrella Entertainment le había ofrecido no eran nada del otro mundo, pero ella había firmado solo para estar más cerca de Federico.
Al principio, Silvio creyó que, al haber conseguido un buen partido, Magdalena intentaría afianzar su posición exhibiendo su amor a los cuatro vientos frente a los medios.
Se imaginaba que internet ardería en escándalos.
Pensó que él, como director general, no tendría que hacer otra cosa más que aplacar los rumores y manejar las relaciones públicas.
Para su sorpresa, Magdalena resultó ser una mujer muy prudente.
No solo eso: era inteligente, sabía tratar a la gente, y las pocas veces que la fotografiaban o surgían rumores, se acercaba a hablar con la empresa de la forma más amable, sin ínfulas de diva.
Silvio albergaba la esperanza de que algún día ella quisiera retomar la actuación, dándole la oportunidad de sentir lo que era dirigir a una verdadera superestrella.
Como hombre, envidiaba profundamente al señor Suárez.
Se había casado con una belleza de proporciones envidiables, con una figura espectacular y una personalidad excepcionalmente madura.
La lástima era que, siendo los Suárez una de las familias más ricas, menospreciaban a las familias de origen humilde, hasta el punto de ocultar el matrimonio.
—¿Director Silvio?
Silvio reaccionó con una sonrisa y dijo:
—Ingresa primero tu solicitud de cancelación en el sistema. Hablaré con tu representante lo antes posible.
En condiciones normales, un artista podía cancelar su contrato y Silvio simplemente seguía el procedimiento.
Sin embargo, dado que Magdalena era, a fin de cuentas, la esposa del dueño del Grupo Orizon, estaba obligado a informar a la sede central y avisar a Federico.
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