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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 18

Magdalena se secó las gotas de agua de la mejilla con un pañuelo, levantó apenas la mirada y le preguntó:

—¿Y por qué tendría que importarme lo que él piense de mí?

—¡Deja de hacerte la digna! —estalló Anaís, perdiendo toda compostura—. Si no te le hubieras ofrecido a Federico mientras yo estaba fuera del país, la que estaría casada con él ahora sería yo. ¡Jamás habría sido el turno de una estrellita de quinta que se coló en su cama! —Anaís alzó la barbilla, mirándola con desdén—. ¿Alguien de una familia tan ordinaria como la tuya usando un acta de matrimonio para colarse en la alta sociedad? ¿De verdad crees que te lo mereces?

Al no estar Federico presente, la señorita Cárdenas ya ni siquiera se molestaba en actuar.

Magdalena no tenía idea de cómo lucía esa famosa 'alta sociedad'; desde que se casó con Federico, él jamás tuvo la intención de presentarla en su círculo social.

Ni sus amigos ni sus socios de negocios sabían que el señor Suárez tenía esposa.

Anaís levantó su arrogante barbilla, dedicándole una sonrisa cargada de provocación.

Al mismo tiempo, deslizó la mano en su bolsillo a escondidas y presionó el botón de llamada en su celular.

Magdalena, completamente ajena a la artimaña, le respondió con calma:

—La verdad es que tú y Federico son el uno para el otro. Los dos son igual de soberbios y prepotentes.

Anaís le dedicó una sonrisa maliciosa.

Magdalena negó con la cabeza.

—Y ni siquiera entiendes cuando te hablan de frente.

Al oír esto, Anaís fingió indignación:

—Puedes insultarme a mí todo lo que quieras, pero no hables así de Federico. Él jamás ha sido malo contigo; todo lo que hace es por el bien de la empresa.

Magdalena ardía en fiebre y sentía que los ojos se le cerraban.

Sin ganas de seguir perdiendo el tiempo, intentó pasar por su lado, ignorando los intentos de Anaís por cerrarle el paso.

De pronto, Anaís pareció tropezarse, golpeándose contra la pared y soltando un leve quejido:

—¡Ay! ¡Qué dolor!

Magdalena la miró, sin dar crédito a lo que veía.

La voz de Anaís se volvió repentinamente dulce y empalagosa, causándole náuseas a Magdalena:

—Hoy solo quería invitar a todos a cenar por mi primer día, y de paso pedirte disculpas. Lo del escándalo en redes sociales fue culpa mía, Federico no tuvo nada que ver. Te lo digo de corazón, ¿por qué me empujas?

Magdalena soltó una carcajada seca:

—Si vas a hacerte la víctima, necesitas público. Actuar para mí no te sirve de nada.

Anaís se llevó una mano al hombro, fingiendo que estaba a punto de romper a llorar.

Al otro lado de la línea, Federico colgó el teléfono.

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