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Ya no soy tu Esposa, ni su Madre, ni su Hija: Solo Soy Yo romance Capítulo 16

—Casi lo olvido. —Josefina se tocó el collar de diamantes que llevaba en el cuello—. Este collar tiene un detallito, llévalo a la joyería para que le den mantenimiento.

¿Para esa tontería la había hecho cruzar la ciudad? A Leticia le hervía la sangre. No tomó la joya; en su lugar, se quedó mirando el reflejo en los lentes de Josefina. Podía imaginar perfectamente la mirada de burla que había detrás de ellos.

—Tengo que trabajar en la tarde, pídeselo a otra persona.

—¿Trabajar? ¿En qué vas a trabajar tú, si siempre has vivido de mantenida por mi hermano? Y no solo tú, también tu mamá y tu abuela...

Leticia tomó aire. Todos en la familia Quezada creían que ella y su familia vivían del dinero de Patricio. Pero la realidad era que su madre cobraba su pensión y, además, hacía manualidades con su abuela para ganar algo de dinero extra. Aparte de los gastos médicos del hospital, jamás habían tocado un solo centavo de Patricio.

—Si no tienes nada más, me voy —dijo Leticia, sin querer perder más tiempo.

—Oye, Jose, ¿quién es ella? —preguntó una muchacha.

Josefina giró la cabeza, miró a Leticia y subió la voz:

—No sé, seguro es una de esas arrastradas que andan tras mi hermano.

—¿Ella? ¿Detrás de tu hermano?

—¿Y con qué cara? ¿Cree que por estar toda fodonga le van a hacer caso?

—¡Jajaja!

Josefina y sus amigas se murieron de risa, sin importarles si Leticia las escuchaba. O, más bien, lo decían justo para que las oyera.

Leticia apretó los puños, se mordió el labio y siguió caminando. Pronto se divorciaría de Patricio, así que no tenía sentido armar un escándalo.

Pero Josefina no se dio por bien servida y le hizo una seña a un muchacho, Rogelio, que estaba en el pasto. Rogelio andaba detrás de ella y hacía todo lo que le pedía. El chico asintió, y justo cuando Leticia pasaba cerca, agarró un balón de basquetbol y se lo lanzó directo a la cabeza con todas sus fuerzas.

El balón golpeó fuertemente a Leticia. Pegó un grito y cayó de rodillas al suelo; el impacto le adormeció las piernas al instante y casi dejó de sentirlas. Leticia se quedó tirada de rodillas, mareada y sin poder moverse.

—Uy, perdón, fue sin querer queriendo —dijo Rogelio, acercándose con tono burlón.

Leticia cerró los ojos, tardando un rato en recuperar el equilibrio. Apoyó las manos en el piso, intentando levantarse a duras penas.

Capítulo 16 1

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