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Yo tomaré tu lugar romance Capítulo 59

Capítulo 59

—Hablemos de negocios —respondió—.

Acompáñame.

Se giró y se alejó con Mónica.

Martín me miró, asentí apenas y se fue con ellos.

Solo quedamos Camila, George y yo.

Camila apoyó una mano en el hombro de su hermano.

—Voy al balcón con Mel —dijo—. Vuelve con tus amigos.

George asintió —Compórtate —le dijo, medio en broma El se fue y Camila me tomó del brazo.

—Ven —dijo.

Llegamos al balcón y el ruido de la fiesta se quedó abajo, como si por fin alguien hubiera bajado el volumen del mundo.

Camila me ofreció una bebida suave, sin alcohol, sabía que Melanie no tomaba y ella tampoco.

Ambas nos apoyamos en la baranda, mirando el jardín iluminado, y por un momento solo mantuvimos silencio...

Camila y Melanie siempre fueron más cercanas....

Tenían los mismos gustos, casi la misma personalidad, los mismos sueños...Viajar, casarse, tener hijos, hacer que esos hijos crecieran juntos, como si la vida fuera un plan ya resuelto, como si unir a los Valderrama con los Cruz fuera inevitable.

Yo no era así....Yo tenía mi propio mundo.

Mi propio grupo..... tenía a Ana.

Una corredora de motos que conocí en el colegio, era ilegal porque era menor de edad, pero a ella le encantaba arriesgarse, correr como si nada importara, y por ella empecé a querer correr también.

Mi padre no estaba de acuerdo con esa amistad, decía que Ana era mala influencia, que me iba а meter en problemas.

Hasta que una vez me salvó la vida en un accidente de auto.

Mi padre estuvo tan agradecido que cambió de opinión, y desde ahí Ana pasaba más tiempo con nosotros.

Sus padres habían sufrido un accidente, y ella terminó viviendo en un departamento con su tía.

Mi padre pagó los medicamentos para que su tía se salvara y con el tiempo se recupero Pero tiempo después, Ana y su tía tuvieron un accidente de carro y fallecieron en el acto.

Eso me afectó, me rompió, y aunque con los años lo superé, hay pérdidas que no se borran, solo se acomodan.

Camila, en cambio, era la otra mitad de Melanie.

Por lo que entendí, don Alejandro ya le estaba buscando un compromiso, un "hombre indicado", pero Camila no aceptaba a cualquiera, no encontraba, o no quería encontrar.

Sin darme cuenta terminamos la bebida y ella se giro para verme —¿Cómo reaccionó Rebeca al enterarse que fue vetada? —preguntó.

Solté una risa baja.

—Hizo un berrinche —dije—. Un escándalo total.

Camila soltó una risa —Es una igualada cualquiera.

Miré hacia el horizonte y me quedé callada, y como si mi silencio la irritara, Camila se bebió lo que quedaba de su copa de un solo trago y me miró, enojada.

—¿Cómo puedes permitir que la amante de tu marido viva en tu misma casa? —escupió—. O peor aún... ¿cómo permites que él tenga una amante?

Bajé la mirada a mi copa, y era lo mismo que me preguntaba yo.

Cómo mi hermana pudo permitirlo.

Pero mi hermana era débil, y encima tenía un hombre como Martín, al que no le importaba golpearla para someterla, castigarla, hacer que "obedeciera".

—¿Dónde está la Melanie alegre? —dijo—. Me alegra que volvieras, y con un cambio de look radical... pero ¿por qué sigo sintiendo que estás muerta, Mel?

Me giré hacia el otro lado, incómoda, no sabía qué decir, la verdad no podía decirse porque nadie me creería y me tacharían de loca, incluso ella, que era como la otra hermana de Melanie.

Camila notó mi incomodidad, bajó el tono y me tomó del brazo con ternura.

—¿Qué está pasando? —susurró—, dímelo, ¿es por la muerte de Catalina?

Sentí una punzada más fuerte.

La que estaba muerta era Melanie, yo estaba viva, pero en este cuerpo, un nudo imposible.

Tragué saliva, miré hacia abajo, a la fiesta, a las luces, y guardé silencio durante unos minutos que se sintieron eternos.

Cuando al fin me atreví, la miré.

—Lo de Catalina no fue un accidente —dije despacio.

Camila se quedó quieta.

—¿Qué...? —susurró—, ¿fue provocado?

Asentí.

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