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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 158

JULIA RODRÍGUEZ

Mantuve el teléfono pegado a mi oreja durante toda la mañana, escuchando el tono de llamada, pero sin que nadie contestara del otro lado de la línea. Los ojos se me llenaron de lágrimas porque cada vez me sentía más desesperada por encontrar a Santiago, tenía miedo de que Javier le hubiera hecho daño.

Liliana se mantenía a mi lado, con su mano frotando mi espalda, intentando calmar mi desesperación cuando ella misma estaba nerviosa.

Y por fin tomó la llamada.

—¡¿Santiago?! —exclamé emocionada.

—¿Julia? ¡¿Julia?! —gritó con la misma alegría—. ¿Estás bien? ¿Cómo está Mateo? ¿Sabes algo de Liliana?

No pude evitar soltarme a llorar, era un alivio saber que él seguía vivo y se escuchaba que estaba bien. Entonces noté como Matthew se alejó de ahí. Había permanecido en silencio, viéndome intentar contactarme con Santiago, pero no había soportado la alegría que me había embargado por fin escuchar su voz.

Bajé la mirada dejando que se fuera, que nos dejara solas con Santi, aunque en el fondo sentí una punzada de culpa, como si su dolor fuera injusto y yo fuera la única responsable.

—Estamos bien… —contesté con voz más serena—. Estamos a salvo los tres. Y no debes preocuparte por el número desde el que te llamamos, es una línea segura.

Volteé hacia Liliana quien con el ceño fruncido me quitó el teléfono.

—Un grupo armado incendió la cafetería donde estaba —dijo con voz firme poniendo el altavoz en el celular para que ambas escucháramos—. No sé de dónde salieron, pero iban por mí.

El silencio en la línea delató que Santiago estaba intentando procesar la información.

—Incendiaron la finca… —susurré con pesar.

—Lo sé, estuve ahí —contestó con la voz rota—. Pensé que las había perdido, que había perdido a mi Mateo. Cuando llegué el fuego ya había consumido todo.

—Logramos escapar… —agregué recordando todo como si fuera una película de acción dentro de mi cabeza—. Fue Javier. Lo vi… le disparé.

Liliana volteó a verme con sorpresa, yo no pude sostenerle la mirada.

—¿Lo mataste? —preguntó Santiago después de largos segundos de silencio.

—No, solo lo herí —contesté decepcionada, si hubiera tenido mejor puntería esto ya se habría acabado por fin.

—¿Dónde estás? —preguntó Liliana mordiéndose los labios—. ¿Estás bien?

—Estoy en el hospital… —contestó por fin, alertándonos con su tono de voz que no sabía descifrar—, y sinceramente no sé cómo sentirme.

—¿Por qué? ¿Estás herido? —Me acerqué más al teléfono, como si eso pudiera apurar su respuesta.

—No… yo estoy bien —su voz empezaba a apagarse, algo le ocurría—. ¿Dónde están? Iré por ustedes.

—Estamos con Matt, en la residencia que consiguió —contesté y noté la tensión en su silencio—. Estamos a salvo.

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