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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 160

SANTIAGO CASTAÑEDA

Matt tomó mi puño y lo apoyó contra su pecho. Entonces lo entendí, me provocó, pero solo para que liberara presión, para que sacara todo lo que me estaba envenenando.

—Dale… si tienes algo más que sacar, hazlo —dijo extendiendo las manos, dejándome en claro que no se defendería—. Yo no me doblo tan fácil, puedo con toda tu furia, tu frustración y tu rencor.

—¿Por qué? —pregunté retrocediendo, confundido y con un nudo en la garganta que comenzaba a asfixiarme.

—Ese día en la cafetería, no te defendiste… —contestó divertido y al sonreír se le abrió de nuevo la herida en su labio—. Lo hiciste por Julia. No me tocaste ni un solo cabello. Te odio por quitármela, pero también debo de agradecerte que la hayas tratado con respeto y cariño, y que Mateo creciera rodeado de amor y protección.

»Tienes mi respeto —agregó cansado mientras yo retrocedía, peinándome el cabello hacia atrás con ambas manos. Ahogándome en dolor y melancolía—. ¿Nos vamos?

Abrió la puerta trasera del auto y busqué la mirada de Alex, quien me sonrió con gentileza mientras sus manos tomaban mi rostro con cuidado.

—Vamos… —susurró con media sonrisa antes de torcer los ojos—. Me muero por conocer a tu esposa y a tu amante.

Todo el camino fue silencioso, Alex no soltó mi mano en ningún momento y se mantenía acurrucada contra mi pecho, parecía una gatita queriendo reconfortarme con su cercanía y caricias silenciosas, y lo estaba logrando. El dolor no se iba, pero se atenuaba cuando ella me trataba con tanto cariño.

Llegamos a una enorme mansión, la reconocía. Demasiado costosa para alguien común, pero no para Matthew. La ventaja de ganar en dólares y gastar en pesos.

Bajamos del auto y Emilio decidió quedarse en el jardín, estaba inquieto y desconfiado, agradecí su precaución.

Desde que bajamos del auto noté el semblante verdoso en el rostro de Alex, pero justo cuando pusimos un pie en el recibidor ella cubrió su boca y levantó el rostro viendo hacia el techo, parecía estar sufriendo.

—¿Estás bien? —pregunté angustiado y Matt negó con la cabeza antes de señalar hacia una puerta con resignación.

—El baño está ahí —sentenció y Alex salió corriendo. Mientras sosteníamos un silencio incómodo, escuchaba a mi pobre ladroncita vomitar en el baño.

—Entonces… —susurré tratando de romper el hielo—. Tú y Julia…

—¿Qué? —preguntó tajante, de mala gana, tomándome por sorpresa.

—Me imagino que ya están juntos —agregué acercándome hacia el baño, pensando que estaría mejor ayudando a Alex que al lado de Matt.

—¿No me escuchaste en el hospital? —preguntó arqueando una ceja, conteniendo la rabia y el dolor—. Ella no quiere nada conmigo. Me odia por todo lo ocurrido. A duras penas logré negociar la custodia de los niños.

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