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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 164

JULIA RODRÍGUEZ

Matt se quedó congelado en la puerta y volteó hacia mí con la mirada entornada, buscando las palabras indicadas.

—Sé que ya no queda nada, pero eres la madre de mis hijos, siempre que me necesites, ahí estaré —contestó con resignación y por un momento noté la tristeza en sus ojos.

Me acerqué con el corazón en la mano. Quería hablar con él de lo ocurrido, de lo que dije. Por un momento pensé que podía abrirle el corazón, explicarle por qué dije lo que dije, y que estaba confundida entre lo que debía de hacer y quería hacer, pero cuando abrí la boca, Rita apareció con su enorme sonrisa y se abrazó a Matt.

—No es la manera en la que pensaba que volveríamos a las andadas —dijo encogiéndose de hombros—, pero ya es algo.

Tomó a Matt de la mano y tiró de él para sacarlo de la casa. Me vio un último segundo antes de rebasar la puerta. Entonces sentí la mano de Carl en mi hombro. Me estaba dedicando una mirada lastimosa y una sonrisa a medias.

—Solo espero que lo que está pasando sea como deseabas que ocurriera —susurró con pesar antes de caminar hacia la puerta.

¿Era lo que quería?, la verdad… no, no sé. Solo pedí lo que creí que era correcto. Actué como pensé que debería. Pensé que la primera vez que me rompió el corazón Matt era su culpa por ser tan cruel y frío, pero que si le daba una segunda oportunidad sería mi culpa porque estaba aceptando a ese hombre cruel y frío, que ya sabía cómo era, de regreso a mi vida.

¿Eso no era lo que hacía una mujer fuerte, cerrarle la puerta en la cara al hombre que la lastimó? Entonces… por qué me estaba doliendo tanto su indiferencia. No me rogaba, no me pedía nada, no buscaba redención ni aceptación. Eso era lo que quería, ¿no? Esto era un acto de madurez, ¿verdad?

***

MATTHEW GRAYSON

Estábamos frente al lugar donde le darían su último adiós a la señora Alondra Montero, la madre de Santiago. Dentro ya estaba él con sus tres mujeres y Mateo. Era una ceremonia muy personal que no me pertenecía, pese al breve momento que compartí con la señora Alondra, no tenía nada que hacer ahí. Ya suficiente con permitirle a Santiago que me golpeara en el estacionamiento del hospital para desahogarse.

—Recuerden que el señor Rafael Castañeda y su comitiva no están invitados a la reunión —dije con la mirada fija en la calle, la cual estaba completamente sola.

—Me agrada volver a trabajar con ustedes, pero… sinceramente, ¿qué hacemos aquí? Ellos no significan nada para nosotros. No nos pagan por hacer esto —agregó Rita molesta, asomándose entre los asientos.

—Hay cosas que se hacen por honor y empatía, no por dinero —contestó Carl tajante volteando hacia su hermana con el ceño fruncido y entornando los ojos. Había un nuevo resentimiento que no había notado en él, como si Rita hubiera hecho algo malo, algo que lo decepcionó.

—Rita, ¿puedes ir por café para todos? Esta será una noche larga —dije mientras sacaba un fajo de dinero de la cartera y se lo entregaba. No quería ir, no quería apartarse, pero tampoco quería llevarme la contraria, no a mí. En silencio abandonó el auto dejándonos en silencio y solos.

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