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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 198

JULIA RODRÍGUEZ

No podía dejar de pensar en lo que había dicho Santiago, no solo la empresa estaba destruida hasta los cimientos, sino que la mansión de Rafael, su padre, había explotado. Rafael había sido asesinado de manera brutal y Carmen estaba desaparecida. Me daba algo de calma, pero al mismo tiempo me hacía preguntar qué había pasado en ese lugar y que sería de la organización ahora.

Javier había quedado a cargo.

—¡Mami! ¡No tan alto! —gritó Mateo en cuanto volé la pelota hacia los matorrales.

—¡Perdón! —exclamé apenada y cansada. La cabeza me daba vueltas—. Yo voy por la pelota, tú quédate aquí.

Troté hacia los arbustos, los removí con cuidado, pero la pelota no estaba. Confundida seguí buscando, hasta que por fin la encontré pegada a la barda. Aún con la cabeza atarantada, me incliné para tomar la pelota, pero justo en ese momento una mano se coló entre los barrotes de hierro y me tomó por la muñeca.

Casi pego un grito cuando la mano tiró de mí y otra se posó en mi boca, silenciándome. La mordí, como única defensa.

—¡Auch! —exclamó Liliana del otro lado, revisándose la mano con el ceño fruncido. Llevaba una sudadera con la capucha arriba cubriendo su rostro, pero en cuanto levantó la mirada indignada hacía mí, supe que no me había equivocado, era ella.

—¡Lily! —Me acerqué a los barrotes, aferrándome a ellos con ambas manos—. Hemos estado tan preocupados por ti. ¿Son ciertos los rumores? ¿Te vas a casar con ese hombre? ¿Qué fue lo que ocurrió en la mansión?

Mis preguntas salían atropelladas, insistentes, quería respuestas. Tenía un apósito en la frente y otro en la mejilla, así como moretones en cada centímetro de piel que veía.

—Julia, necesito hablar contigo y con Alex… solo con ustedes dos. No con Matt, no con Santiago… ¿me entiendes? —preguntó con calma mientras cubría mis manos con las suyas y sus ojos esperaban pacientes una respuesta.

—¿Cómo sé que no es una trampa? —inquirí con desconfianza. Después de lo que Carl había dicho de la muerte de Rita y como Liliana parecía pez en el agua con la familia Castañeda, mis peores miedos salieron a flote. ¿Había perdido a una amiga? ¿Nunca fue mi amiga?

—No es una trampa —aseguró con una sonrisa divertida—. Solo quiero ver si hay manera de unir los pedazos. Ve a la cafetería de siempre a las 3:00. Lleva solo a Alex, por favor. Quiero hablar con ustedes de todo lo que ha estado pasando y encontrar una solución. Solo confío en ustedes.

Con una mirada lastimosa retrocedió hasta que sus manos se alejaron de las mías y comprendí que esa cita en la cafetería podía volverse la última oportunidad para obtener respuestas.

Me quedé viéndola irse por la calle, con las manos escondidas en su sudadera y la cabeza agachada. Mi corazón se rompió. Quería salir corriendo, estrecharla y pedirle que se quedara, pero sabía que cuando lograra salir de la casa ella ya no estaría.

Tomé la pelota de Mateo y regresé aún más reflexiva, dándole vueltas entre mis manos.

—¡La encontraste! —exclamó Mateo lanzándose para abrazarse a mis piernas.

***

—No estoy en contra de ir —dijo Alex en la cama, tirada viendo hacia el techo y comiendo chocolates junto a Mateo—, pero… después de todo lo ocurrido, ni Matt ni Santiago nos dejarían hacerlo si les decimos.

—Ya sé… es… «peligroso» —solté tirándome al lado de Mateo, quien me ofreció un chocolate—, pero necesitamos hablar con Liliana. Creo que es importante lo que tiene que decirnos.

—¿Confías en ella? —preguntó Alex recargándose sobre su codo para verme mejor.

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