LILIANA CASTILLO
Mientras yo me movía por todo el frente, cambiando de ventana, disparando y escondiéndome detrás de las paredes. Matt estaba derribando a cada hombre que intentaba acercarse a nosotros, así como las chicas lanzaban molotov para mantener el jardín iluminado y quemar a uno que otro despistado. Las llamas y el humo se elevaban hacia el cielo, como una enorme señal que de seguro mi padre no tardaría en recibir.
Entonces mi mirada se posó en la puerta de la cocina. Nos habíamos enfocado en el frente de la casa, pero… ¿no habían intentado entrar por atrás?
Mi corazón se aceleró y salí corriendo, mientras las balas me zumbaban por la cabeza, aun así no me detuve. La puerta estaba atrancada, pero eso no significaba que sería suficiente, alguien intentaba abrirla, sin pensarlo dos veces brinqué y con ambos pies tumbé la puerta hacia afuera, caí sobre ella, apuntando con la pistola hacia el frente.
El hombre que había intentado entrar estaba tumbado, adolorido, cuando estaba a punto de jalar el gatillo, alguien me pateó la mano armada, haciendo que la pistola cayera al césped y yo acunara mi mano adolorida contra el pecho.
—¡Justo a ti te quería! —exclamó Carl intentando pisarme como si fuera un insecto mientras yo rodaba por el césped, desesperada por mantener la distancia con él.
Entonces escuché un suave silbido. Cuando levanté mi atención, Julia estaba asomada en la azotea, con una molotov prendida en su mano. De inmediato me empujé con las piernas brincando hacia atrás al mismo tiempo que ella soltó la molotov frente a la puerta de la cocina, causando un incendio que pretendía quemar a Carl.
El primer hombre al que había golpeado con la puerta comenzó a disparar contra ella mientras Carl levantaba los brazos para cubrirse de las llamas. Julia se refugió, retrocediendo, y yo me puse a buscar el arma lo más rápido, pero Carl me tomó de la muñeca y cuando levanté el rostro, me pegó con el puño haciéndome caer hacia atrás.
Los oídos me zumbaban, todo me daba vueltas y sus palabras llegaban a mí como si estuviera debajo del agua.
—¡Te quise! —gritó mientras sacudía la cabeza—. ¡Estaba enamorado de ti!
—¡No se nota! —respondí intentando alejarme de él, pero me tomó por el cabello y quiso arrastrarme. En cuanto pude poner ambos pies en el piso, le solté un rodillazo que detuvo con una mano.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!