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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 28

JULIA RODRÍGUEZ

—¡Frijolita! ¿Extrañas tu país? —preguntó uno de mis nuevos compañeros mientras absorbía sus fideos instantáneos.

—Todos los días —contesté con una sonrisa que no me llegaba a los ojos—. Extraño la calidez de su gente. Extraño esas reuniones familiares donde cada uno de mis tíos tocaba un instrumento diferente y todos bailábamos.

»Extraño las ferias del pueblo con sus pollitos de colores, sus cohetes y su comida, extraño el mariachi, extraño pasar el día de muertos en mi casa y ponerle su ofrenda a mi abuelita. Extraño el aroma del copal y la flor de cempasúchil. —La melancolía me estaba arrancando el corazón—. Mi tierra, nunca la olvido.

Cuando me di cuenta, todos estaban observando en silencio, con el bocado a medio masticar. Sus rostros reflejaban un poco de la nostalgia que me invadía.

—Así pasa cuando vives en un país con una cultura rica… más allá de las hamburguesas y la guerra —agregué encogiéndome de hombros y ofreciéndoles una sonrisa maliciosa mientras todos torcían los ojos al mismo tiempo—. Admitámoslo, lo único bueno aquí es la economía.

Entonces la puerta se abrió y fue como si mi peor pesadilla se volviera realidad. Un par de oficiales de migración se asomó. Sus ojos de inmediato se posaron en mí. El silencio se hizo profundo mientras se acercaban con paso cauteloso. Mi corazón se aceleró y mi estómago se encogió.

—Papeles… —susurró uno de ellos, viéndome por encima de sus gafas.

—Esto no puede ser cierto —dije nerviosa, tragando saliva con la garganta seca. Tanteé mis bolsillos, buscando mi cartera. La había dejado en mi bolso y mi bolso… estaba en el auto de Matthew.

Cerré los ojos mientras sentía que el alma me abandonaba el cuerpo. El otro oficial le pidió al resto del equipo que abandonaran el lugar. Pude sentir sus miradas apenadas y preocupadas.

—Está en el… auto de mi esposo —solté sintiéndome sucia por usar a Matthew como excusa. Durante esos dos años de casados esto nunca había pasado. ¿Por qué ahora?

—¿Está casada? —preguntó uno de los oficiales con el ceño fruncido.

—Sí, desde hace dos años —contesté con nerviosismo y levanté mi mano, luciendo el anillo de bodas y el de compromiso que me acababa de regalar Matthew—. Si me dejan hablar con él para que me permita buscar mi bolso en el auto.

—¿Quién es su esposo? —preguntó el otro oficial.

—Matthew Grayson —contesté de inmediato, intentando esbozar una sonrisa—. Él es el dueño de la empresa.

—Mentirosa… —susurró Sharon desde el marco de la puerta, cruzada de brazos, viéndome con intensidad mientras la mancha de café sobre su elegante ropa se burlaba de mí—. Yo soy la prometida del señor Grayson. Esta mujer solo es su secretaria, pregúntele a cualquiera.

Sentí que mi piel se erizó y mi cuerpo tembló, mientras no podía apartar la mirada de ella, regodeándose.

—Pinche vieja culera —susurré, por un momento ignorando la presencia de los oficiales—. Fuiste tú…

—¿Cómo vas a buscar tus papeles en el auto de mi futuro esposo? ¿Mentir no empeora las cosas? —preguntó con ese maldito tono venenoso.

Capítulo 28: La ilegal 1

Capítulo 28: La ilegal 2

Capítulo 28: La ilegal 3

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