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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 27

JULIA RODRÍGUEZ

Caminé con el rostro agachado y con lágrimas en mis mejillas. Salí de su oficina con la promesa de aceptar el puesto y resolver las cosas. Aceptando la validación que tanto tiempo esperé, ahora que ya no significaba nada, que ya no la quería.

Él estaba seguro de que podía reconquistarme, y tal vez lo hubiera logrado si no fuera por la existencia de Santiago y su amenaza amistosa de acabar con todo lo que amo hasta que me case con él.

Me planté frente a la puerta del departamento de informática y programación, levanté la mirada hacia el techo, como si pudiera ver directamente al cielo, solo para hacer una única pregunta. ¿Por qué yo?

En verdad… ¿por qué tenía que ser tan miserable? ¿Todos pasaban por problemas así o solo era yo y mi pésima suerte?

Abrí la puerta y la tensión regresó al lugar. Todos ahí me vieron con molestia, mientras su antiguo jefe terminaba de empacar sus cosas.

—¡Vaya, la nueva jefa del departamento! —exclamó con ironía y tiró de su silla, ofreciéndomela—. ¿Quieres empezar? Tal vez podrías buscar en internet un tutorial para programar. Lo vas a necesitar.

Estaba cansada. A nivel mental me sentía agotada. No quería seguir peleando. Me acerqué ignorando las miradas acusatorias.

—La prueba viviente de que acostarse con el jefe funciona —dijo alguien más, en el fondo, haciendo que todos rieran, sin importarles que los escuchara.

—¿Qué harás? ¿Revisar tus redes sociales todo el día mientras nosotros trabajamos? —preguntó otro, enardeciendo las risas.

—¿Qué pasa, frijolera? —preguntó el exjefe de departamento, acercándose peligrosamente a un costado—. La gente como tú debe de estar en el campo, cosechando, o limpiando baños. Están hechos para eso, estas cosas son demasiado complicadas, exigen tener cerebro.

Las risas, las burlas, sus palabras crueles, poco a poco todo estaba haciendo chuza dentro de mí. Apreté con fuerza el «mouse» mientras seguía escuchándolos detrás de mí.

—¿Tuviste que abrir mucho las piernas para conseguir el sueño americano? —insistió el hombre, tentando mis límites.

Torcí los ojos antes de dejar que mi cuerpo actuara sin preguntarle a mi cerebro. Le sorrajé el «mouse» en la cabeza, haciendo que retrocediera, atarantado y adolorido.

—¡Ya estuvo bueno! ¡Bájenle de huevos o se los corto! ¡Ya me tienen hasta la madre! —exclamé furiosa, pasando la mirada en cada uno que parecía sorprendido—. ¡Órale, pinches gringos pendejos, a trabajar que no les pagan por comer camote!

»Todavía que hacen el pinche código con las nalgas, se ponen de reinas. Si fueran tan buenos como creen que son, yo no estaría aquí —sentencié y vi al exjefe de departamento sorprendido por mi reacción explosiva—. Por dos años estuve corrigiendo tus estupideces y nunca aprendiste.

»¡Órale, a la chingada te me vas ahorita! —exclamé chasqueándole los dedos casi en la cara—. ¿Dónde está el código completo? ¿Quién hizo el diagrama?

—¿Cuál diagrama? —preguntó uno de ellos sin saber si reír o llorar.

—No, si pa pendejo no se estudia, se nace maestro, ¿verdad? —Me dejé caer en el asiento y comencé a teclear rápidamente mientras el exjefe del departamento se iba como perro con la cola entre las patas.

No me costó encontrar el código. Revisé línea por línea. Puse a prueba cada función. Poco a poco cada uno de los empleados se acercaba con curiosidad, asomándose por encima de mis hombros, dudando al principio que la secretaria del señor Grayson supiera algo más que solo servir café.

Capítulo 27: Frijolita 1

Capítulo 27: Frijolita 2

Capítulo 27: Frijolita 3

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