Entrar Via

30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 30

MATTHEW GRAYSON

—¿Quieres pasar un rato? —preguntó Sharon en cuanto abrió la puerta de su departamento.

—Tengo asuntos que atender en la oficina —contesté rápidamente, antes de dar media vuelta, pero ella no me dejaría ir tan fácil.

—Matt… —Me tomó del brazo—. Siento que te estás distanciando mucho de mí. ¿Es por July?

—Su nombre es Julia —contesté en un susurro, girando hacia ella con la mirada cargada de hielo—. Sharon, hablo en serio, tengo que regresar a la oficina.

—Tienes que regresar a ella… —susurró y su rostro se convirtió en una mueca cargada de tristeza—. ¿Qué nos pasó? Pensé que cuando volviera de Europa…

—¿Qué? ¿Estaría esperándote? —pregunté sin poder contener la ironía en mi voz.

—Un día lo teníamos todo, Matt… —La desesperación en sus ojos era sincera, pero ya no causaba nada en mí.

—Y tú decidiste echarlo todo por la borda —contesté tajante, volteando hacia ella, sacudiéndome su mano de encima—. Desde niños yo te adoraba. Eras la luz de mis ojos. Me comprometí a cuidar siempre de ti cuando tus padres murieron, porque te quería.

»Me esforcé día y noche para fusionar los negocios familiares y que ambas partes siempre se vieran beneficiadas, pero principalmente tú. —Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero de nuevo, yo ya no sentía nada—. Nunca quise que nada te faltara. Te lo di todo. ¿Qué hiciste? Decidiste que querías vivir la vida antes de pensar en casarte. Te fuiste a Europa y estuviste ahí por años, saltando de cama en cama mientras yo financiaba tu estilo de vida.

»¿Creíste que verte tomándote fotos con hombres diferentes, sería algo muy alentador para mí?

—Matt… yo regresé porque te amo, porque eres mi mejor amigo, mi confidente, porque extrañaba lo que teníamos… Volví porque…

—Porque querías ver si todavía tenías poder sobre mí —contesté tajante, viendo cada lágrima con repudio—. No pienso faltar a mi palabra. Mientras yo viva, tú tendrás el dinero que te corresponde siendo la última en tu línea familiar, pero mi vida ya no está atada a la tuya.

Di media vuelta, listo para irme de ahí. La situación me estaba dando náuseas.

—¡Prometiste ante la tumba de mis padres que siempre me harías feliz! ¡Tus padres juraron que siempre lo harías! —gritó a mis espaldas, entre sollozos y desesperación—. ¡Nuestras vidas no pueden simplemente separarse! ¡Yo soy tuya y tú eres mío! ¡Siempre fue así!

»¡Matt! ¡Regresa! —Corrió detrás de mí y me tomó con fuerza de la mano—. No es justo que todo cambie por culpa de July.

—Las cosas no cambiaron por su culpa, sino por la tuya —contesté sacudiéndome su mano y apartándola, mientras sus lágrimas comenzaban a arruinar su maquillaje siempre perfecto—. Tú misma arruinaste todo.

»Lo único que hizo Julia fue demostrarme que una mujer fuerte y dedicada es mejor que la que solo estira la mano esperando recibirlo todo solo porque cree que se lo merece. —Tomé por los hombros a Sharon, sintiendo lástima por lo que se había convertido—. Si aún tienes algo de aprecio hacia mí, me dejarás ser feliz con ella. No puedo ni quiero perderla.

—Me refiero a… a su esposa —corrigió encogiéndose de hombros y desviando la mirada—. No está, se fue a su oficina.

—Bien… —respondí sin hacer más grande mi molestia. Debía de admitir que el hecho de que le agarraran cariño a Julia me ponía algo celoso. No me agradaba que otro hombre la viera con afecto.

Atravesé el área de cubículos y oficinas hasta llegar a la mía. Cuando me asomé, las luces eran tenues y no veía a Julia. Entré con sigilo, observando con más detenimiento hasta que la encontré dormida en el sofá. Estaba hecha un ovillo y sus manos descansaban de manera protectora en su vientre.

Tomé una de las dalias que había comprado, me hinqué ante ella y acaricié con los pétalos su rostro, delineando su nariz pequeña y fina, sus cejas negras y delineadas, sus labios carnosos que aceleraban mi corazón solo con verlos, entonces sus ojos comenzaron a abrirse lentamente, con suaves pestañeos como si quisiera presumir sus largas pestañas.

Cuando me vio tan cerca se alertó y al mismo tiempo se sonrojó. Sabía que aún me tenía miedo y algo de recelo, pero esas eran barreras que planeaba poco a poco tirar. Bien había dicho que no podía arreglar 2 años en menos de 20 días, pero lo iba a intentar.

—Matt… —susurró viendo la flor que sostenía ante ella. Entonces acerqué el ramo completo, notando como su mirada se iluminaba y se asomaba una sonrisa, no tan grande como la que me ofreció el día de nuestra boda, pero bastante cercana.

—Es hora de ir a casa —contesté en cuanto ella abrazó el ramo y olfateó las flores, escondiendo delicadamente su nariz entre los pétalos.

No pude evitarlo y terminé acariciando su mejilla, disfrutando de lo suave de su piel.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!