MATTHEW GRAYSON
—¡Mami! ¡Mira! ¡Es igualito a mí! ¡Es el hombre que dibujas! —exclamó Mateo y en cuanto salió corriendo hacia su madre, yo sujeté con fuerza un par de cabellos que se desprendieron de su cabeza sin que lo notara.
Me giré hacia Carl y en cuanto los vio, entendió todo de inmediato. Tomó una hoja de papel de la impresora pegada a la pared, hizo un pequeño cucurucho y dejé caer dentro los cabellos. Esperaba que eso fuera suficiente para aclarar mis dudas.
¿Por qué podía pensar que ese niño era mío? ¿Solo porque se veía idéntico a mí? ¿Por qué había espacios vacíos en mi memoria y todo apuntaba a que Julia era la pieza que me hacía falta para entenderlo todo?
—¿Estás bien? —preguntó Julia hincada frente al niño, mientras este volteaba constantemente hacia mí, buscándome con la mirada y señalándome con su manita.
—Mami… él… —insistió buscando respuestas en mi rostro. Ambos teníamos espacios que rellenar, pero solo yo tenía los recursos para hacerlo.
—Él no es nadie —sentenció Julia con firmeza, dedicándome una mirada cargada de rencor. Entonces pasó la que parecía ser su secretaria, con el café que Carl le había pedido—. Lily, por favor, lleva a Mateo a la oficina.
Apenas las manos de Carl tocaron la taza cuando la chica ya estaba acercándose al niño.
—¡No! ¡No quiero irme! ¡Quiero respuestas! —gritó Mateo con los puños apretados y los ojos llorosos—. Lily dijo que no me parecía a papá, tienes dibujos de este señor en tu cueva y se parece mucho a mí. ¡¿Por qué, mamá?!
Julia lo vio con sorpresa. Podía apostar a que nunca se le había rebelado de esa manera.
—Sin mencionar que su nombre es idéntico al mío —agregué, echando más leña al fuego.
—Suficiente… —sentenció molesta y volteó hacia Mateo con el ceño fruncido—. Sabes que no me gusta que me desobedezcas. Así que ve con Lily a mi oficina de inmediato.
El niño le sostuvo la mirada con ferocidad, pero sus labios lo traicionaron porque empezaron a temblar, como si estuviera al borde del llanto.
—¡No es justo! —exclamó y agachó el rostro antes de arrastrar sus piecitos. Lily iba detrás de él, viéndolo con pena, pero sin animarse a tocarlo, como si temiera que se fuera a romper.
—Señor Grayson, ¿qué hace aquí? Pensé que se quedaría más tiempo con su esposa en su habitación. ¿No están buscando tener un bebé? —preguntó Julia cruzándose de brazos, dedicándome una mirada feroz y al mismo tiempo rota, como si descubrir a Sharon en mi cuarto hubiera sido un golpe directo al corazón.
Levantó su rostro, sus mejillas de nuevo se sonrojaron y sus ojos brillaron. No solo su corazón se aceleró, sino que el mío incluso se estaba ahogando, asmático, colapsando.
—Perdí años de mi vida… y entre más rebusco en los escombros, más me doy cuenta de que tú eres la respuesta —dije casi sin voz. Sentía que perdía la fuerza con ella entre mis brazos, como si su calor no solo me reconfortara, sino que también me arrebatara la fuerza.
—¿Estás loco? ¿De qué estás hablando? —Empujó mi pecho sin mucha fuerza, más para demostrar su indignación que para en verdad alejarse de mí. Estaba tan cómoda entre mis brazos, como yo lo estaba sosteniéndola.
—¿Tú fuiste lo que perdí? ¿Tú eres el espacio en blanco en mi pecho? —pregunté paseando mi mirada en su rostro, mis preguntas parecían herirla, pues las lágrimas comenzaron a juntarse en sus párpados y pestañas—. Regrésame lo que perdí. Algo me dice que solo tú puedes hacerlo.
Entonces me incliné hacia ella, hipnotizado por su belleza, por su fragilidad que parecía explotar cada vez que la leona que vivía dentro de ella salía para defender a su cachorro. Había algo en Julia que me atraía con fuerza, como una adicción.
Posé mis labios sobre los de ella, al principio rígidos, pero no evasivos. No torció el rostro, no gritó, no peleó, dejó que probara su boca, que la saboreara con la punta de mi lengua y de pronto, sus labios empezaron a jugar con los míos haciendo que el corazón me reventara en el pecho.
—¡Yo te regresaré lo que perdiste grandísimo hijo de puta! ¡Y lo haré de un solo golpe! —exclamó alguien a nuestras espaldas, de pronto una mano me tomó del hombro, obligándome a separarme de Julia, y cuando volteé me encontré de frente con un puño fuertemente apretado que me tumbó sobre el césped.

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