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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 2

CAPÍTULO 2. Siete noches para decir adiós

Los nudillos de Katerina se pusieron blancos sobre el respaldo del sofá mientras Angela corría detrás de Jordan y se colgaba de su brazo. En el último año había creído que Jordan la amaba. Siempre era atento, siempre dulce, siempre escuchando. Pero bastaban unas lágrimas que Angela ni siquiera alcanzaba a derramar para que la llamara exagerada.

Ella era la exagerada cuando él le regalaba a otra mujer el mismo símbolo que ella le había pedido.

Se metió bajo la ducha, esperando que algo desmintiera aquel dolor en su pecho, pero cuando llegó a la casa de su suegra, el ambiente era todavía peor.

Jordan estaba apoyado en la chimenea, gesticulando como un adolescente emocionado, mientras Angela reía de cualquier cosa que dijera. A veces le tocaba el brazo, a veces le rodeaba la cintura con un gesto que podía parecer casual… pero no lo era.

—Es demasiado obvio que son el uno para el otro. Desde que adoptamos a Angela con diez años, ellos fueron cómplices absolutos —siseó Jasmine acercándose, y Katerina detectó el veneno antes de tragárselo—. Angela siempre fue perfecta para Jordan. Por desgracia, mi esposo es demasiado cuadrado y Jordan la mandó a estudiar a Inglaterra para no tener problemas con su padre. Pero mi esposo ya está… bueno, demasiado enfermo para opinar —sonrió Jasmine chocando su copa con la de Katerina—. Y no tengo que decirte que tú sales sobrando, ¿verdad?

Katerina sintió que la rabia le inundaba las venas. Ya no eran cuchicheos de terraza, eran dos declaraciones directas.

—Y supongo que Jordan está de acuerdo con todo eso ¿no? —preguntó, porque se le podía estar rompiendo el corazón, pero no iba a permitir que nadie la humillara mirándola a los ojos.

—¡Ay, por favor, no seas dramática! Solo estoy exponiendo un hecho.

—Desde que me casé con su hijo, usted se la pasa exponiendo hechos que nadie le pidió.

—Pero que tampoco son mentira —espetó Jasmine bajando la voz, porque para las mujeres como ella, herir en voz baja era la mejor manera de mantener intacta su reputación de buenas personas—. Tú no eres suficiente para él. Jordan te recogió por lástima, porque estabas desamparada y él tenía que llenar el vacío de Angela con alguien, tú solo tuviste suerte de ser la que se cruzó en su camino cuando le entró el complejo de héroe salvador. Pero ahora Angela está de vuelta… así que tus días están contados.

Y ahí estaba, el veneno sin disimular, el rechazo sin disfraz.

—Pareces muy segura de eso —murmuró Katerina, pero no había desafío en su voz, solo una tristeza que se la estaba tragando viva.

—Solo míralos bien —se jactó su segura—. Jordan ni siquiera puede disimular cuando está con ella. Ahora veremos a quién elige.

Y Katerina no entendió hasta que su suegra se dio la vuelta y golpeó su copa con una cucharilla antes de levantar la voz.

—¡A la mesa todos! ¡La cena está servida!

Katerina apretó los puños, pero fue a ocupar su sitio a la derecha de Jordan, que estaba en la cabecera de la mesa. Sin embargo antes de que pudiera sentarse, Angela tiró de la silla y le puso cara de inocente.

—¡Ay, Katya! ¿Puedo sentarme al lado de Jordan por hoy? ¡Nos quedó pendiente la conversación sobre…!

—No.

Su respuesta fue tan rápida y fría que todos los que estaban cerca giraron la cabeza hacia ella, incluyendo Jordan.

—Mi nombre es Katerina, no Katya —continuó mientras una sonrisa suave le curvaba el rostro—. Y no, no puedo darte “mi” silla, junto a “mi” marido, porque ese es “mi” sitio, no el tuyo.

CAPÍTULO 2. Siete noches para decir adiós 1

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