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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 75

CAPÍTULO 75. Una humillación necesaria.

—De momento yo voy a darme un baño —sentenció Katerina como si la vida de Jordan no dependiera de ella en aquel momento—. El vuelo estuvo largo y pesado, y el tío Kolya necesita al menos diez minutos para poner todo en orden.

—Yo también me voy a bañar —anunció Angel, que hasta ese momento se había quedado al margen—. ¡En mi propia habitación! —aclaró levantando un dedo—. Presiento que esta noche va a estar todavía más movidita.

Katerina se quedó pensativa por un segundo y luego sonrió.

—En eso tienes razón, así que vístete para matar.

—¡Entendido jefa! —aseguró Angel echándose su bolsa de viaje al hombro y tomando uno de los corredores laterales.

—¿Va a haber armas en esto? —preguntó Byron mirando a Alexei.

—No se necesitan armas para matar…

—¡Papá! —advirtió Giulia.

—¡Perdón, perdón! —carraspeó Alexei.

Pero en efecto, quince minutos después y rayando las dos de la madrugada, estaban todos listos y reunidos frente al altavoz de aquel celular.

“Listo, tenemos ojos dentro. Estoy enviando toda la información a una tableta que tu padre tiene en… ¡Alexei! ¡¿Por qué carajo la tableta ejecutiva de emergencias está en tu baño?!” le gritó y Alexei dio un respingo y salió corriendo apresurado.

—Es que la normal se me quedó sin carga, ya la traigo…

Byron se pasó una mano por la cara, como si por fin estuviera entendiendo la clase de familia en la que estaba metiéndose.

Un minuto después apareció Alexei con la tableta y Katrina analizó los datos.

—Bien, vamos a hacerle una visita a la mansión. Angel, agarra las llaves de una camioneta grande.

—Voy con ustedes. —Byron dio un paso adelante inmediatamente.

—También yo —dijo Giulia y Alexei ya caminaba detrás de ellos cuando Ángel levantó una mano.

—Lo siento, tío, pero solo hay espacio para cuatro.

Alexei abrió los brazos exageradamente.

—¡Siempre me dejan fuera de lo divertido!

—Porque tú conviertes cualquier operación discreta en una pelea callejera —rio Katerina.

—¡Calumnia!

—Confirmada por cuarenta y siete antecedentes —añadió Giulia—. Esta familia registra todo, ¿recuerdas?

Alexei señaló a todos con indignación.

—Qué bonita familia tengo… ¡Al menos enciendan la cámara del coche! ¡Netflix ya aburre! —exigió y todos estuvieron de acuerdo en darle al menos esa satisfacción.

El trayecto transcurrió en silencio. Ángel condujo sin prisa, utilizando calles secundarias hasta detenerse a un par de calles de la residencia Blackwood. Entonces el pequeño altavoz colocado sobre el tablero cobró vida.

“Bien, quisiera decir que ya terminé mi obra de arte, pero la verdad es que el sistema de seguridad de los Blackwood es una auténtica basura” rezongó el tío Kolya. “Lo puse completo en bucle hace treinta segundos. Las cámaras están reproduciendo imágenes antiguas. Si alguien las revisa, creerá que no ha pasado absolutamente nada”.

—¿Cuánto tiempo tenemos? —preguntó Katerina.

Pero enseguida todas las miradas se concentraron en Angel, que avanzaba pegado a los arbustos hasta alcanzar la pared principal.

En el interior de la casa se escuchaban voces, y aunque él no era capaz de reconocerlas, sabía que solo podían ser Angela y Jasmine discutiendo con alguien acerca de médicos, informes y abogados.

Ninguna de ellas sospechaba que las cámaras estaban mostrando imágenes grabadas minutos antes.

Kolya había cumplido su parte, así que Ángel buscó el mejor punto en la pared y empezó a escalar. Sus movimientos eran rápidos y precisos. Encontraba apoyo donde cualquier otra persona solo habría visto piedra lisa.

En menos de un minuto alcanzó la cornisa del segundo piso, se desplazó unos metros más hasta llegar frente a la ventana indicada y empujó suavemente el cristal.

Jordan levantó la cabeza desde la cama, porque no podía dormir, y durante un segundo creyó estar imaginándolo. Pero entonces vio la sonrisa burlona de Ángel al otro lado del vidrio y se sentó de golpe viendo cómo entraba.

—¿Tú… cómo…? —balbuceó antes de hacer una mueca de alivio—. ¡Joder! ¿Es raro que me alegre muchísimo verte?

Ángel respondió con una mueca divertida.

—Un poco raro sí es —aseguró y Jordan soltó una risa que llevaba días sin aparecer—. Pero alguien tenía que venir, porque la señora embarazada no debería andar trepando paredes.

Jordan sintió que el corazón se el estrujaba en un segundo.

—¿Cómo está Kat… y el bebé?

La expresión relajada de Ángel cambió apenas un poco.

—Eso podrás preguntárselo tú mismo —dijo sacando el pequeño teléfono que Katerina le había dado—. Solo tiene un número guardado, pero habla bajito. Tengo mucho que hacer y no quiero que me descubran.

Y antes de que Jordan entendiera, Angel ya había salido de la habitación por la puerta que daba al pasillo.

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