CAPÍTULO 80. En mi propia casa
Angela se aferró al brazo de su madre, pero el terror era más fuerte que su necesidad de hacer teatro, así que acabó soltando una carcajada nerviosa.
—Papá… no sé qué te habrá hecho esta mujer… pero estás delirando.
—No. Estoy vivo. —Emerson giró lentamente hacia ella.
—¡La ELA no se produce con un veneno! —escupió Angela, sin darse cuenta por qué era ella la que se estaba defendiendo antes de que alguien la acusara, en lugar de alegrarse o ir a abrazar a su padre “revivido”.
—La ELA no. —Emerson abrió la carpeta que Katerina dejó frente a él en la mesa, y sacó varios informes médicos que lanzó sobre la mesa—. Pero existen sustancias capaces de provocar durante años un cuadro clínico extraordinariamente parecido.
Uno de los abogados tomó el primer informe, pero no lo interrumpió.
—Nitrilo IDPN —escupió con rabia mirando a los ojos que su “viuda”—. ¿Te suena ese nombre, Jasmine? Los análisis fueron realizados por tres laboratorios independientes. Sangre, cabello y tejidos. Todos llegaron exactamente a la misma conclusión: —Se hizo un silencio absoluto y Katerina vio cómo los nudillos de Jasmine Blackwood se ponían lívidos tratando de aferrarse a la silla junto a ella—. La intoxicación progresiva destruyó mi equilibrio, debilitó mi musculatura, alteró mis reflejos y convenció a todos de que padecía una enfermedad neurodegenerativa irreversible.
Los consejeros comenzaron a revisar los informes con visible nerviosismo. Uno tras otro pasaban las hojas mientras comparaban los resultados emitidos por los tres laboratorios. Había firmas de especialistas, sellos oficiales, fechas y un análisis toxicológico que aparecía resaltado en las tres carpetas. Nadie parecía encontrar una sola contradicción.
Pero la mayor prueba era que frente a ellos estaba de pie un hombre que había estado postrado en una silla de ruedas los últimos dos años.
El jefe de la junta tragó saliva antes de dirigirse a él.
—Señor Blackwood… ¿durante cuánto tiempo estuvo expuesto? —preguntó y Emerson respondió sin vacilar.
—Durante más de dos años… en mi propia casa.
Un murmullo de horror recorrió la sala y varios consejeros comenzaron a mirar a Jasmine con una mezcla de incredulidad y miedo, mientras ella negaba una y otra vez con la cabeza.
—¡No los escuchen! ¡Todo eso está manipulado! ¡Él siempre estuvo enfermo!
—Entonces explica una cosa —replicó Emerson sin elevar la voz—. Si realmente padecía una enfermedad incurable, ¿por qué mi estado comenzó a mejorar apenas dejaron de suministrarme esa porquería que me dabas?
—¡Eso es mentira! —Jasmine dio un golpe sobre la mesa y Emerson la miró por primera vez.
—¿Lo es?
—¡Fingiste tu muerte!
—Sí. —La respuesta fue tan tranquila que dejó sin palabras a todos—. Porque una noche te escuché decirle a Angela que ya era hora de deshacerse de mí. —El color abandonó el rostro de ambas mujeres—. Y comprendí que ya no les bastaba con mantenerme enfermo, pretendían terminar el trabajo.


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