CAPÍTULO 98. ¿Por eso me odias?
Jordan no había imaginado jamás que tendría que pasar por un enfrentamiento como aquel. Aun después de todo lo que había pasado, esperaba un desenlace en un tribunal, frente a un juez, porque erróneamente había contado con que el veneno era el arma de los cobardes, pero en lugar de eso frente a él estaba una mujer cuya capacidad para el asesinato ya había escalado a un arma de fuego.
Jasmine miró a Emerson con un odio que parecía haberse acumulado durante décadas y dio un paso más hacia él.
—Te lo di todo. ¡Toda mi juventud! ¡Toda mi vida! ¡Todo! —Las lágrimas comenzaron a rodarle por las mejillas pero eran de rabia, de rencor, de odio—. ¿Y qué me dejaste tú a cambio?
Emerson sostuvo su mirada sin apartarse.
—Tú elegiste compartir esa vida conmigo y yo te di más de lo que cualquier mujer soñaría tener —respondió él sin inmutarse—. Pero tú no me querías a mí, tú querías esa vida con lo que yo tenía, conmigo fuera de la ecuación. Así que no tienes nada que reclamar, no te debo nada. Mucho menos después de que intentaras matarme.
Jasmine soltó una carcajada amarga, y aquellas palabras parecieron romper el último hilo de control que le quedaba. El disparo resonó en todo el apartamento antes de que Jordan pudiera reaccionar, pero con el corazón acelerado y los ojos desencajados se dio cuenta de que la bala había impactado contra una pared, apenas unos centímetros por encima de Emerson.
—¡Esta es mi última advertencia! —siseó Jasmine y los escoltas llegaron en un segundo, y desenfundaron inmediatamente.
—¡No! —Jordan levantó un brazo para detenerlos—. ¡Nadie dispare! —ordenó antes de volver a mirar a Jasmine—. ¡Entonces di qué quieres! Pero deja a papá en paz.
Su madre hizo una mueca de desprecio y esta vez le apuntó a él.
—¡Siempre igual! Siempre defendiendo a tu padre. Siempre creyendo que él es el bueno. Pero ¿quieres saber la verdad? ¡Siempre odié que te parecieras tanto a él! ¡Yo te crie, pero eso para ti nunca significó nada! ¡Solo eras un malagradecido que jamás me obedecía!
—¡Te obedecí tanto que destruí mi matrimonio por tu culpa! —replicó Jordan—. ¿Qué más querías?
—¡Pero dejaste de hacerlo, dejaste de escucharme! —Para ese momento Jasmine ya temblaba de rabia—. Jamás entendiste cuánto sacrifiqué por ti… ¡y no aceptaste casarte con Angela!
Jordan la observó fijamente.
—¿Por eso me odias? ¿Por qué no quise casarme con tu hija adoptiva? ¿Hasta ese punto querías que me sometiera solo porque eres mi madre?
Entonces una nueva voz respondió desde la puerta.
Ella puso el documento en las manos de Jordan y no se molestó en ocultarle nada.
—El día que Angel trepó por tu ventana para colocar el resto de las cámaras, le pedí que me trajera muestras de ADN de todos, y las mandé a un laboratorio —le dijo—. Estos son los resultados, y los resultados no mienten. Tú no eres hijo biológico de Jasmine… Angela sí.
Jordan se llevó una mano a la boca, pero ahí estaban los resultados, en cifras contundentes. Su relación con Jasmine Blackwood era menor al siete por ciento, no había posibilidad de parentesco. La relación entre Jasmine y Angela era superior al noventa y nueve por ciento, parentesco establecido: maternidad.
Katerina vio cómo sus manos empezaban a temblar sin que pudiera evitarlo, y levantó aquel informe como si fuera un escudo contra el arma de Jasmine.
—Entonces es cierto. ¡Yo no soy tu hijo! —siseó y miró a su padre—. ¿Tú lo sabías?
Pero la pregunta sobraba, porque era evidente por la expresión de Emerson, era demasiado obvio que acababa de enterarse en ese momento.
—No… no lo sabía —siseó mirando a Jasmine esta vez con verdadero rencor—. Y lo único que puedo pensar… es a qué pobre mujer le arrancaste de los brazos a mi hijo.

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