CAPÍTULO 99. Todo el veneno
Jordan seguía inmóvil, con el informe que demostraba que Jasmine no era su madre temblando entre las manos. Emerson tampoco apartaba los ojos de su esposa, y la incredulidad había desaparecido de su rostro para dejar paso a una furia fría que Katerina jamás le había visto.
Pro la respuesta de Jasmine no fue la que ellos esperaban, y Kat sintió la alerta recorrerle la piel cuando la escuchó soltar una carcajada desquiciada.
—¿Ahora te haces el indignado? ¿Ahora descubres que tienes conciencia?
—¡Entonces respóndeme! —rugió Emerson dando un paso al frente—. ¿A quién le quitaste a Jordan?
La mujer sacudió ferozmente la pistola.
—¡Ni un paso más!
El apartamento entero parecía contener la respiración, y Katerina aprovechó aquel instante para sacar otro documento del sobre que todavía llevaba consigo.
—Jordan. —Él giró lentamente la cabeza y ella le entregó el nuevo informe—. Todavía falta una parte.
Él bajó la vista y en la primera página aparecían dos nombres: Jordan Blackwood y Emerson Blackwood. Parentesco biológico establecido: más del noventa y nueve por ciento.
Jordan sintió que el aire abandonaba sus pulmones y levantó lentamente la cabeza hacia Emerson.
—Yo sí soy tu hijo.
Emerson no respondió, simplemente asintió muy despacio porque era algo de lo que siempre había estado seguro, pero sabía que Jordan necesitaba comprobarlo por sí mismo; y vio el momento exacto en que sus ojos se llenaron de rabia.
—¡¿Entonces por qué?! —espetó girándose hacia Jasmine—. ¡¿Por qué me dejaste creer durante más de treinta años que era tu hijo?!
Jordan vio la impotencia y el asco con que Jasmine lo miraba ahora; pero fue su padre quien le respondió aquella pregunta.
—Lo hizo hizo porque yo le pedí una prueba de paternidad —dijo comprendiendo todo de una vez y en esta ocasión nadie se atrevió a interrumpirlo—. Cuando Jasmine me dijo que estaba embarazada yo no acepté casarme inmediatamente. —Jordan permanecía inmóvil mirando a la mujer frente a él, y su padre continuó—. Le dije que quería una prueba antes de asumir que el niño era mío. —Su voz se volvió amarga—. Sin esa prueba... jamás me habría casado con ella.
Los ojos de Jasmine destilaron odio y Emerson la miró con la misma repugnancia.
—Y ella lo sabía.
—¡Claro que lo sabía! — La carcajada de Jasmine resonó como un disparo de desprecio y su voz se volvió venenosa—. ¡Porque te conocía perfectamente! —Apuntó el arma hacia Emerson—. Sabía que eras un cobarde incapaz de comprometerte. Sabía que necesitabas papeles para todo. ¡Incluso para asumir un hijo!
—Porque no tenía ningún compromiso contigo.
—¡Te acostabas conmigo! —lo recriminó Jasmine.
—¡Cállate!
—¡No, el tiempo donde todos aceptaban tu versión como si fuera la única verdad ya se acabó! —espetó Katerina y Jasmine negó.
—¡¿Mi versión?! ¡¿Crees que después de todo lo que hice todavía necesito mentir?! —Y de repente unas lágrimas muy verdaderas, llenas de rencor, llenaron sus ojos—. ¡Yo tuve que abandonar a mi hija! ¡Mi propia hija! Mientras él... —siseó mirando a Jordan—. Mientras él crecía rodeado de lujos, con colegios privados, con chofer, con vacaciones, con un apellido que abría todas las puertas.
Su voz comenzó a quebrarse con ese dolor de la madre herida, tan ciega que todavía cree que tiene la razón.
—¡Y mientras tanto mi niña estaba esperándome en otra ciudad, criada por una empleada que ni siquiera era su madre! Preguntando todos los días cuándo iba a volver por ella. ¿Y sabes qué hacía yo? —espetó en dirección a Jordan—. Sonreírte, cuidarte, llevarte al colegio, celebrar tus cumpleaños ¡mientras mi hija crecía sin madre!
Sollozó desesperada, pero nadie en aquella habitación sentía pena por lo que ella misma había provocado.
—Tuvieron que pasar diez años para que pudiera traerla conmigo. Diez años fingiendo. Diez años esperando. Diez años buscando la manera de convencer a Emerson de adoptar. ¡Todo por culpa tuya!
—¡No, todo por culpa de tu ambición! —replicó Emerson—. Yo jamás te pedí que abandonaras a tu hija. Jamás te obligué a esconderla. Jamás te dije que cambiaras un bebé por otro. Jamás te obligué a construir una mentira.
El rostro de Jasmine se deformó por la rabia, pero Emerson sostuvo su mirada sin apartarse.
—No fui yo quien hizo eso. Fue tu ambición. —La palabra cayó como un martillo en una campana de cristal—. Querías mi apellido, mi fortuna, mi empresa, la vida que yo podía darte. Y para conseguirlo sacrificaste a dos niños, lo llamaste “amor tuyo” y “culpa mía”, y si esa es la mierd@ que te deja dormir por las noches, entonces bien, pero eso no cambia que ni tú ni tu hija tuvieron derecho jamás a un solo centavo de mi dinero… y tampoco cambia que las dos son unas asesinas.

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