—Estuvo de ama de casa cinco años, y apenas entró a UME, el señor Torres le dio un puesto de supervisora. Nosotras llevamos años aquí y nunca nos han tratado así.
Macarena se acercó y vio que la que hablaba era Teresa, quien estaba sentada justo a su lado. Teresa tenía la espalda hacia la puerta y no la había notado. Siguió hablando sin bajar la voz.
—Pero bueno, eso es lo de menos. Esta vez solo tuvo suerte y consiguió la inversión. El señor Torres ya quiere armar una fiesta enorme para celebrarlo, pero no se les olvide que esa inversión ya la tenía prometida la familia Gómez desde antes. Lo que está haciendo es nada más pagar sus errores.
Junto a Teresa había otras dos compañeras. Cuando terminó de hablar, una de ellas asintió, muy de acuerdo con todo lo que decía.
Luego suspiró con un tono amargo y soltó:
—Ni modo, ¿qué le vamos a hacer? Si hasta parece que usa su carita bonita para encantar al señor Torres… que la trate diferente es lógico.
—¿Bonita? Yo la veo del montón —Teresa se tapó la boca, soltando una risa burlona.
La otra notó su intención y la siguió:
—Bueno, sí, ni siquiera te llega a los talones.
—¿De verdad? —Teresa se tocó la cara con fingida timidez, pero al ver la sonrisa traviesa de su amiga se dio cuenta de que estaban jugando con ella. Hizo como que se enojaba y le dio un empujón suave—. ¡Ya vas a empezar a molestarme!
...
Las dos se quedaron riendo y empujándose. Entonces, la tercera chica, que hasta ahora no había dicho nada, intervino:
—A mí lo que me da curiosidad es otra cosa. Dicen que el Grupo Gómez está furioso porque UME rechazó su inversión, y ya hasta empezaron a hacerles la vida imposible. ¿Cómo le hizo ella para conseguir ese dinero en esas circunstancias?
Teresa se encogió de hombros, sin tomarlo en serio:
—El que invirtió fue Benicio, el hijo de la familia Oliva. Ese tipo es famoso por andar de fiesta en fiesta. Macarena sólo pudo convencerlo de una manera… ya saben a lo que me refiero…
No terminó la frase. Las otras dos, al notar que alguien se acercaba, cambiaron de expresión y le hicieron señas discretas para que guardara silencio.
Teresa, sin captar la advertencia, siguió hablando:
—Es en serio, yo la vi el otro día entrando a un hotel con un hombre. Se los juro, Macarena no es tan inocente como creen. Seguro que…
En ese momento, mientras hacía señas y hablaba con entusiasmo, Teresa por fin se fijó en la figura que preparaba café frente a ella: Macarena.
La persona de la que hablaba estaba justo ahí.
Teresa se quedó en seco, la voz se le atoró en la garganta.
Al reincorporarse a UME, Macarena se puso a analizar el mercado y notó que los algoritmos de los robots eran similares entre sí, casi todos compartían las mismas funciones y la precisión tampoco variaba mucho.
El verdadero reto seguía estando en la percepción de los robots.
En el sentido del tacto y la visión, los robots estaban a años luz de la sensibilidad humana. Por eso había muchos trabajos que seguían siendo imposibles para ellos.
Este era el dilema que la había obsesionado desde siempre. Si lograba resolverlo, no solo beneficiaría a UME, sino que podría significar un avance enorme para el futuro.
Durante los días siguientes, Macarena dedicó todas sus energías a idear cómo fusionar la percepción robótica con la humana.
...
Por la noche, asistió a la fiesta de celebración que organizó la empresa. Para evitar chismes, ella y Ronan regresaron a la casa de renta con unos minutos de diferencia.
Justo cuando estaba por entrar al conjunto de departamentos, vio a Sabrina cerca de la entrada.
Sabrina andaba rondando de un lado a otro, mirando a todos lados con actitud sospechosa.
Macarena, intrigada, condujo su carro hasta donde estaba Sabrina y bajó la ventanilla.

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