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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 121

—¿Tú qué haces aquí? —preguntó Macarena con el ceño fruncido, sin disimular la sorpresa.

Sabrina había escuchado que Ronan vivía por esa zona. Por eso, apenas terminó su clase de piano, fue directo al lugar y esperó largo rato, pero Ronan nunca apareció.

No se esperaba encontrar de repente a Macarena ahí mismo. El susto la hizo dar un pequeño brinco.

Estuvo a punto de preguntarle qué hacía ella en ese sitio, pero al pensarlo mejor, todo le quedó claro.

Seguramente Macarena la había seguido hasta allí, tal vez para pedirle perdón.

Al pensarlo, Sabrina volvió a adoptar esa actitud orgullosa y molesta de siempre.

—¿Y a ti qué te importa? —reviró, torciendo la boca.

Macarena, en el fondo, tampoco tenía muchas ganas de involucrarse.

Ese vecindario era un revoltijo de todo tipo de personas, y la familia Gómez vivía bastante lejos de esa zona. Le preocupaba que una chamaca como Sabrina pudiera verse envuelta en algún problema.

Después de todo, era nieta de Paula, y Paula siempre había sido muy buena con ella. A Macarena no le nacía hacerse de la vista gorda.

Al ver que Sabrina se movía incómoda, Macarena notó que seguía usando tacones altos.

—Súbete al carro, te llevo de regreso —le ofreció Macarena en voz baja.

Sabrina estaba agotada, pero en vez de aceptar la ayuda, levantó la barbilla y le soltó:

—Ve y cómprame unos zapatos bajos.

Macarena se la quedó viendo, sin ceder ante su tono mandón como solía hacer antes.

—O te llevo de una vez o le llamo a tu mamá para que venga por ti. Tú decides.

Lo dijo tan tranquila, pero con una determinación que no admitía discusiones.

Incluso Sabrina se quedó sorprendida.

Sentía que Macarena había cambiado, aunque no podía decir exactamente en qué.

Además, Macarena antes siempre se refería a Florencia como “mamá”, pero ahora solo dijo “tu mamá”.

Antes, cada vez que Macarena la llamaba “mamá”, Sabrina sentía que lo hacía con una actitud tan servil que le daba coraje, pero ese día, al escuchar el término más distante, se sintió un poco incómoda.

Al notar que Sabrina no reaccionaba, Macarena sacó su celular.

—En este momento le aviso a tu mamá que venga por ti.

En cuanto escuchó eso, Sabrina le arrebató el celular de un manotazo.

No sabía por qué, pero sentía que si Macarena decía que le avisaría a Florencia, lo haría de verdad.

Si Florencia se enteraba de que había ido a ese lugar, seguro la regañaría hasta el cansancio.

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