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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 129

Después de que la gente se dispersó, Macarena tomó una foto de las flores y las joyas, y se la envió a Benicio.

[¿Esto lo mandaste tú?]

No tardó mucho en responder.

[Señorita Molina, sabía que eras lista como nadie. Por eso estoy seguro que, en el fondo, sí piensas en mí.]

Macarena: …

Benicio envió otro mensaje.

[Escuché que últimamente has estado metida en el laboratorio, investigando sin parar, sin ganas ni de comer ni de tomar nada. Dicen que hasta has perdido peso de tanto cansancio. Así que aproveché que hoy era una buena ocasión para animarte un poco.]

Macarena respondió, algo incómoda.

[…Gracias, pero es demasiado costoso. No puedo aceptar algo así sin motivo.]

Benicio no perdió el ritmo.

[Entonces hazme un favor.]

Macarena: [¿Qué clase de favor?]

Pasaron unos minutos hasta que llegó su respuesta.

[Cuando termines de trabajar, paso por ti.]

Macarena estuvo a punto de negarse, pero antes de que pudiera escribirle, Benicio mandó otro mensaje.

[No te quitaré mucho tiempo.]

Al final, ella aceptó a regañadientes.

Benicio había mencionado antes que también tenía experiencia en robótica. Justo ahora que Macarena se sentía estancada en su investigación, pensó que podría aprovechar la oportunidad para platicar con él sobre el tema.

Llegando la hora de salida, Macarena lo vio esperándola puntualmente afuera del edificio.

Ese día, Benicio llevaba puesto un chaleco gris claro. Sus lentes de marco dorado colgaban de una fina cadena sobre su pecho. Sus ojos, grandes y expresivos, brillaban todavía más bajo los últimos rayos de sol. Macarena sintió que había algo diferente en él respecto a otras veces, pero no lograba definir exactamente qué era. Solo sabía que, de alguna manera, resultaba más cautivador.

Entraron juntos al restaurante. Cuando el mesero se acercó a tomarles la orden y vio a Benicio, se quedó embobado, incapaz de apartar la mirada hasta que los dos se metieron a un salón privado. Incluso entonces, el mesero parecía no querer dejar de mirarlo.

Durante el camino hasta la mesa, Macarena notó varias miradas llenas de envidia dirigidas hacia ella. Sin embargo, ya estaba acostumbrada a ese tipo de atención desde que solía estar cerca de Fermín, así que no le dio importancia.

Ya en privado, Macarena se sentó a su lado y preguntó:

—¿Ahora sí me vas a decir qué quieres que haga por ti?

Capítulo 129 1

Capítulo 129 2

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