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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 130

Parecía que Benicio se había dado cuenta de su mirada, pero no dijo ni una palabra. Solo bajó la mano y, con la manga de su camisa, se cubrió el brazo como si nada hubiera pasado.

—Ya casi llegan —dijo, acomodándose en la silla junto a ella—. Cuando empiece el show, acuérdate de actuar bien.

Macarena lo miró, perdida.

—¿Actuar?

Pero no tardó mucho en entender a qué se refería Benicio con “actuar”.

...

Afuera del restaurante, Teresa y varios compañeros de trabajo acababan de bajarse del carro.

Uno de ellos, visiblemente nervioso, murmuró:

—¿Teresa, no crees que esto está mal? Se siente como si fuéramos unos ladrones.

—¿Qué tiene de malo? —replicó Teresa con una sonrisa de superioridad—. Solo vamos a echar un vistazo, ¿a poco no les da curiosidad saber quién le mandó el regalo a Macarena?

Y es que, en cuanto Macarena salió del trabajo, la vieron subirse a un carro carísimo. Si el tipo era tan guapo, ¿cómo es que Macarena no lo había presentado ante todos?

Teresa no podía dejar de pensar que ese hombre, fuera quien fuera, no era gran cosa. Después de lo que le había pasado más temprano —cuando Macarena la dejó en ridículo—, sentía la necesidad de recuperar su orgullo. Quería que todos vieran con sus propios ojos lo patético que era el “novio” de Macarena, y así hacerla pasar vergüenza.

Con cada paso, la ansiedad y la curiosidad de sus compañeros crecían, y al final terminaron todos agachados, entrando casi de puntitas al restaurante.

...

—Ya llegaron —susurró Benicio.

Macarena cortaba su filete cuando escuchó el aviso. Instintivamente levantó la vista y vio a una mujer, cargando su bolso, avanzando con paso furioso hacia ellos.

El taconeo contra el piso retumbaba en el restaurante.

Solo por el sonido, Macarena ya podía imaginarse lo enojada que venía.

—¿Así que tú eres la zorra que está seduciendo a Benicio?

Apenas terminó de hablar, y sin que Macarena pudiera reaccionar, la mujer levantó la mano y le lanzó una bofetada.

Por suerte, Macarena ya había presentido que algo no iba bien y, por puro reflejo, se hizo a un lado.

La mano de la mujer chocó contra el respaldo de la silla con un —¡pum!—

Antes de que la mujer pudiera explotar de nuevo, Macarena la señaló y, sin perder la compostura, añadió:

—Mira, acabo de mojarte y tu novio ni se inmuta. Ni siquiera te defiende. Dime, ¿de verdad vale la pena seguir con alguien así?

—¿Una relación así, en serio quieres luchar por ella?

La mujer se quedó de piedra, y el color se le subió a la cara de la pura rabia.

—¡Es porque no le dio tiempo de reaccionar! —balbuceó, buscando una excusa.

—Perfecto —dijo Macarena, sin ganas de discutir.

Se giró, tomó la copa de vino que Benicio tenía en la mano —ahora con toda la calma del mundo— y volvió a vaciarla sobre la mujer, empapándola una vez más.

Benicio solo arqueó una ceja, sin decir nada.

La mujer jamás pensó que Macarena se atrevería a hacer eso. Se quedó ahí, paralizada.

Macarena soltó, muy tranquila:

—Esta vez tomé el vino directamente de su mano. No hay manera de que digas que fue por sorpresa.

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