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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 132

Lo similar atrae a lo similar.

Un florero vacío y un vaso de agua no se colocan juntos en la mesa.

Macarena, sobre la base de su algoritmo original, le añadió ahora la idea de dividir en zonas.

Se quedó trabajando hasta altas horas de la noche. Cuando terminó de cargar el algoritmo mejorado al brazo robótico y lo puso a prueba dos veces más, comprobó que la precisión había mejorado bastante en comparación con la versión inicial.

Aun así, el sistema necesitaba ajustes.

Nada se logra de la noche a la mañana, y esto tampoco podía apresurarse.

Macarena, con los hombros adoloridos, se frotó un poco y recogió los materiales del laboratorio antes de volver al área de oficinas.

Las flores que Benicio le había regalado hoy las repartió entre sus compañeros, al notar que a todos les hacían ilusión. Al quedar un pequeño ramo, Macarena fue al almacén, tomó un florero y pensó en poner esas flores sobre su escritorio.

Ella había tomado clases de arreglos florales un tiempo atrás y disfrutaba de esas cosas que alegraban la vista y el ánimo.

—¿Todavía sigues aquí?

La voz de Ronan la sorprendió por detrás.

Macarena se giró, algo desconcertada al verlo ahí.

—¿Y tú? ¿Por qué no te has ido?

Ronan no respondió enseguida. Sus ojos se quedaron fijos en el florero junto a ella, en esas rosas frescas. Su voz salió algo áspera.

—Están muy bonitas las flores.

—Me las dieron— comentó Macarena con naturalidad.

Ronan guardó silencio.

Ya todo el mundo en la empresa se había enterado: su novio le había mandado flores, además de un juego de joyas, y ella las aceptó.

Ayer, él mismo había visto a Fermín y había notado la actitud de Macarena hacia ese asunto.

Ronan estaba convencido de que Macarena no iba a volver atrás.

Pero ahora, al verla tan tranquila y de buen humor arreglando esas flores, no pudo evitar sentir una inquietud extraña.

—Ya terminé de ordenar, ¿nos vamos juntos?— le preguntó Macarena después de poner el último ramo en el florero.

Su expresión era serena, relajada.

Como si esas flores fueran solo eso: flores, sin ningún otro significado oculto.

Ronan pensó que, probablemente, estaba dándole demasiada importancia al asunto.

Se obligó a dejar esos pensamientos de lado.

—Sí, vámonos— respondió.

...

Macarena fue con Ronan en su carro de regreso al conjunto habitacional. Iban platicando sobre trabajo mientras subían las escaleras. Justo cuando iban a entrar, una voz familiar la detuvo.

Fermín soltó una risa incrédula.

—¿No te diste cuenta? ¿O fue a propósito?

Percibió el aroma a loción de hombre en ella.

¿El perfume de Ronan?

A menos que hayas pasado varias horas encerrada con alguien, ese aroma no se pega tan fácil.

Entonces, durante todo el tiempo que no contestó, ¿había estado con Ronan?

A Fermín le parecía absurdo.

Había dejado todo para venir a esperarla dos o tres horas, ¿y ella se fue a salir con otro?

No pudo evitar reclamarle.

—¿Sabes cuánto tiempo llevo aquí esperándote?

Macarena frunció el ceño, confundida.

—¿Y eso qué? ¿Por qué me esperas? ¿Qué necesitas de mí?

Fermín abrió la boca, titubeó; parecía querer decir algo, pero al final solo apretó los labios y desvió la mirada.

—Súbete al carro.

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