Sabrina pensó que Fermín reaccionaría igual que ella, enojándose y aceptando su sugerencia sin dudar.
Pero para su sorpresa, del otro lado de la línea hubo unos segundos de silencio, y entonces la voz de Fermín, áspera y seria, la reprendió:
—Sabrina, te lo repito una vez más: ella es tu cuñada. Si me divorcio o no de ella, es un asunto que me corresponde a mí decidir, no a ti.
—¿…Cómo? —Sabrina se quedó completamente confundida.
—Además, en la familia Gómez nadie te enseñó que el matrimonio no es un juego ni una amenaza para asustar a la gente.
—Si vuelves a meterme ideas de divorcio, le voy a contar a la abuela para que te dé una buena lección.
—…Hermano, ya no eres el mismo.
—Sí, ahora estoy más ocupado. No tengo tiempo para platicar contigo. Hasta aquí llegamos.
Fermín colgó el teléfono.
Se quedó en el balcón, contemplando el anillo de compromiso en su mano, con la mirada perdida en el horizonte.
No dejaba de pensar en cómo entregarle ese anillo a Macarena. Pero por más vueltas que le daba, todas las maneras le parecían demasiado forzadas.
Ya llevaban cinco años de casados.
Ni el propio día de la boda le dio ese anillo, y ahora, pretender entregárselo justo cuando ella recibió el anillo de otro hombre… sonaba a derrota.
Pero si no lo hacía…
La imagen del anillo de otro en el dedo de Macarena se le aparecía una y otra vez. Y las palabras de Sabrina, asegurando que Macarena también estaba interesada en Ronan, le daban vueltas en la cabeza. Sabía que seguramente Macarena solo lo había dicho por enojo, pero igual no podía evitar sentir una molestia clavada en el pecho, como si algo se le revolviera por dentro.
...
Sabrina, tras cortar la llamada, soltó un suspiro largo, levantando la vista hacia el cielo con resignación.
Ya estuvo.
Esto se salió de control.
Su hermano, Fermín, de verdad había caído bajo el hechizo de Macarena.
Antes, cuando ella se quejaba con él, nunca la trataba con esa indiferencia.
—Ya está casada con mi hermano, ¡pero sigue pensando en otros hombres! Lo que más me da coraje es que, aun así, mi hermano ni siquiera piensa en divorciarse. ¡Hasta me regañó por eso!
Le relató a Abril la llamada con Fermín, sin omitir nada.
Cuando Abril escuchó que Fermín no pensaba divorciarse, su sonrisa se congeló en los labios. Se quedó tocando su anillo de compromiso, con una expresión imposible de descifrar.
Así que era verdad: el anillo que Fermín compró después era para Macarena. Llevarla a escoger un anillo de "regalo" solo había sido un pretexto. La persona a quien Fermín quería darle ese anillo, después de todo, era Macarena.
Cinco años juntos… al final, Fermín sí había terminado enamorándose de Macarena.
Sabrina se dio cuenta del cambio en la expresión de Abril y, enseguida, se arrepintió de lo que había dicho.
—Abri, en serio, seguro Macarena le echó algo raro a mi hermano. No es que de verdad la quiera. ¡Te juro que Macarena ya me hizo algo parecido antes!
Entonces, Sabrina le contó a Abril todo lo que pasó el Día de San Valentín: cómo Macarena le puso algo en la bebida y, después, fingió darle un antídoto y hasta la llevó al hospital.
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