El rostro de Abril cambió apenas un poco.
—¿Ella también hizo algo así? Pero, ¿cómo puedes estar tan segura de que fue ella?
Sabrina soltó una risa desdeñosa.
—Ese día, las únicas personas que vi, además de ti y mi hermano, fueron ella y nadie más. Si no fue ella, ¿entonces quién? Tú y mi hermano nunca me harían eso.
Abril bajó la mirada, sus ojos brillando apenas, pero no dijo nada.
Sabrina siguió despotricando:
—Y lo que más me enoja es que ese día casi caigo en la trampa, llegué a pensar que de verdad era buena conmigo. Pero todo era puro teatro. Por eso estoy segura de que también engaña a mi hermano con toda esa farsa. Una persona así, no pienso dejarla seguir con él, no lo merece.
—¿No crees lo mismo, Abril? Una mujer tan calculadora ni siquiera debería cruzar la puerta de la familia Gómez.
Sabrina levantó la mirada, buscando complicidad en Abril.
Ella forzó una sonrisa, incómoda.
Sabrina, sin notarlo, continuó:
—Abi, puedes estar tranquila. No voy a quedarme de brazos cruzados mientras mi hermano sigue bajo el hechizo de esa tipa. Te voy a ayudar, ya verás. La esposa que yo elija para mi hermano tiene que ser buena, sincera y querer de verdad a nuestra familia.
Mientras hablaba, Sabrina alzó el brazo y cerró el puño, haciéndole un gesto de victoria.
Abril apenas curvó los labios, fingiendo una sonrisa, pero en su interior algo no cuadraba. Al ver la ingenuidad en el rostro de Sabrina, no pudo evitar preguntarse si de verdad no sospechaba nada de ella.
¿O era que todas esas palabras eran sólo una trampa para ponerla a prueba?
...
El salón del hotel estaba a reventar por el cumpleaños. Todos los espacios del estacionamiento ya estaban ocupados. Macarena dio varias vueltas en el sótano antes de encontrar un lugar libre. Por fin, estacionó el carro y subió en el elevador hasta el vestíbulo. Apenas salió, divisó a Benicio junto a la entrada.
Ese día, Benicio traía un traje color vino, que hacía lucir aún más pálida y elegante su cara, y llevaba sus clásicos lentes con marco dorado sobre la nariz recta. Pero, de alguna manera, se veía diferente a otras ocasiones. Más relajado, más como un verdadero caballero.
Macarena se quedó sorprendida, no solo por ese cambio en él, sino porque, aunque ya no participaba mucho en las fiestas de la familia Gómez, había escuchado historias sobre la familia Oliva y la familia Gómez. Todos sabían que los Oliva por lo general no se presentaban en los eventos de los Gómez.
Benicio, notando su mirada, sonrió.
—¿Te sorprende verme aquí?

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