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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 202

Eduardo le dio un trago a su copa y, fingiendo misterio, soltó:

—Pues... eso...

Mientras alargaba la respuesta, todos se inclinaron hacia él, atentos.

—Que se va a divorciar, eso es seguro. Pero cuándo y cómo, eso depende de Fermín.

En otras palabras, ni él tenía idea.

Todos respondieron al unísono con un —¡Bah!— y le lanzaron una mirada de fastidio.

—Si ni tú, que eres tan amigo de Fermín, lo sabes, entonces seguro que ni han logrado divorciarse —comentó uno—. Aunque, la verdad, yo creo que a estas alturas, lo que piense Fermín ya ni importa.

—¿Y eso por qué? —preguntó alguien, intrigado.

El mismo de antes respondió:

—Pues la abuela lo adora a Macarena. Si ella no da su visto bueno, ¿tú crees que Fermín se va a animar a divorciarse por su cuenta? Además, la abuela ya tiene setenta años...

Echó una mirada rápida a los alrededores, asegurándose de que nadie más los escuchara, y bajó la voz:

—Fermín seguramente está esperando a que la abuela se nos adelante antes de atreverse a divorciarse de Macarena.

Por un momento, todos guardaron silencio.

Sonó fuerte, incluso cruel, pero al pensarlo bien, tenía algo de sentido.

Eduardo también cayó en cuenta de repente.

Últimamente, había intentado sonsacarle a Fermín el tema del divorcio, pero Fermín siempre le daba largas y nunca contestaba de frente.

Ya casi creía que Fermín había cambiado de opinión y no pensaba divorciarse, pero no hace mucho, escuchó de Abril que Fermín le había regalado un anillo de diamantes.

Eso le dejó claro que Fermín seguía firme, aunque no dejaba de preguntarse qué estaba pasando exactamente.

Ahora, escuchando esa explicación, todo le cuadró.

Para ser sinceros, la abuela sí era el mayor obstáculo para el divorcio.

Además, Fermín siempre había sido muy entregado y respetuoso con la abuela, difícilmente haría algo que la hiciera enojar.

—¿Pero entonces, cuánto tiempo habrá que esperar? —preguntó alguien.

—Pues a esperar, no queda de otra. No creo que falten muchos años —le respondió en voz baja.

Eduardo dejó la copa sobre la mesa.

Él había visto el último reporte médico de la abuela, y aunque su salud no era la mejor del mundo, tampoco tenía nada grave. En una de esas, todavía podría vivir otros diez o quince años sin problema.

Eso quería decir que Fermín tendría que esperar más de una década para poder casarse con Abril.

—¿Y no habrá alguna forma de convencer a la abuela para que acepte el divorcio? —preguntó Eduardo.

El otro le dio unas palmadas en el hombro, guiñándole un ojo:

—Eduardo, justo diste en el clavo. De hecho, acabo de grabar algo buenísimo, ¿quieres verlo?

...

Macarena entró al salón y enseguida notó al grupo de Eduardo conversando a lo lejos.

Justo en ese momento, Eduardo también volteó a verla.

Se cruzaron las miradas, pero Eduardo apartó la vista con rapidez, como si lo hubieran descubierto en algo.

Macarena sabía bien por qué. Desde que le quitó el lugar a Abril, los amigos de Fermín siempre la habían visto con recelo.

Macarena, escuchando las especulaciones a su alrededor, echó un vistazo rápido por todo el salón.

No muy lejos de ella, Abril ya estaba sentada entre la gente, también había llegado temprano.

En ese momento, Abril le sonrió con los ojos entrecerrados y alzó su copa en su dirección, brindando a la distancia con una actitud claramente desafiante.

Macarena apartó la mirada, ya se imaginaba el resultado.

Después de lo que había pasado en el lago, ella y Fermín no estaban en buenos términos.

Estaba segura de que Fermín no la elegiría esa noche.

Aunque, si lo pensaba bien, aunque ni siquiera hubiera ocurrido el incidente del lago, Fermín igual habría cambiado de parecer y preferido llevar a Abril como compañera.

Vio cómo Fermín dirigía la mirada hacia Abril. Macarena dejó escapar una risita.

Desde el principio no esperaba nada, así que enterarse en ese momento tampoco la sorprendió ni la hizo sentir mal.

Se acercó a una mesa y tomó un pastelito.

Después de haber buscado el anillo en el lago y de haberse salvado de milagro, ya no le quedaba energía. Su estómago llevaba rato reclamando comida.

Como no tenía nada que hacer, lo mejor era llenarse primero.

Pero justo cuando iba a morder el pastelito, escuchó las exclamaciones sorprendidas de todos alrededor.

Sintió de repente un montón de miradas fijas sobre ella.

Macarena, intrigada, volteó y vio a Fermín caminando directo hacia donde estaba ella, deteniéndose justo frente a su mesa.

A lo lejos, la sonrisa de Abril se borró de golpe.

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