Las miradas de todos los presentes se clavaron en Macarena.
Había sorpresa, asombro, hasta un dejo de envidia...
Macarena notó de inmediato esos ojos recorriéndola de pies a cabeza. Por un instante se quedó desconcertada.
Sin embargo, antes de que pudiera pensar demasiado, escuchó la voz grave y distante de Fermín, tan baja que solo ellos dos podían oírla:
—Cuando termine esto, espérame en la sala de descanso.
Sin darle oportunidad de responder, Fermín ya se había dado la vuelta y empezó a caminar hacia donde estaba Abril.
Bajo la mirada de todos, tomó la mano de Abril, quien no podía ocultar su vergüenza, y se dirigió con ella hacia el centro del salón.
Varios invitados intercambiaron miradas de complicidad; algunos incluso cuchicheaban entre sí, lanzando miradas alternadas entre Fermín, Abril y luego Macarena.
—Te lo dije, el señor Gómez nunca estuvo de acuerdo con ese matrimonio. Cada año iba a buscar a la señorita Cordero. Ahora que volvió, obvio que la va a elegir a ella.
—Pero, ¿no les pareció raro que primero fuera con Macarena?
—Seguro fue a humillarla, ¿no ves que su verdadero amor estuvo sufriendo fuera por cinco años?
—Qué triste...
—¿Triste? Si ella fue quien destruyó el compromiso original solo para casarse con él. Se lo buscó.
—...
Macarena decidió ignorar esas voces tan familiares y llenas de sarcasmo, y siguió comiendo el bocadillo que tenía en la mano.
Al final de cuentas, también era humana.
Escuchar esas palabras sí la hacía sentir incómoda.
Al principio, le costaba mucho convencerse de dejarlo pasar, pero tal vez por haber pasado tantas veces por lo mismo, o porque ya no le importaba, logró tranquilizarse en lo que tardó en comerse el bocadillo.
A su alrededor, muchos esperaban que armara un escándalo.
Estaban listos para ver la reacción de Macarena tras ser abandonada por su esposo: esperaban verla fuera de sí, herida, incluso al borde de un colapso.
Pero después de un minuto, notaron que Macarena seguía con la cabeza baja, comiendo como si nada.
Varios pensaron que solo estaba fingiendo tranquilidad, así que siguieron observando. Cuando terminó el bocadillo, al fin Macarena se levantó.
—Ahora sí, va a explotar esto —susurró alguien.
Todos se tensaron al instante.
Las miradas no se apartaban de Macarena ni un segundo.
Incluso alguien le dio un codazo a su vecino para que no se perdiera el espectáculo.

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