Hace poco, el robot UME había causado bastante revuelo, llegando a igualar casi la popularidad del Grupo Gómez. Sin embargo, el Grupo Gómez tenía los bolsillos llenos, así que no tardaron en hacer que la atención a UME se apagara.
Macarena no quería invertir una fortuna en marketing, por eso se había propuesto promocionarse ella misma y buscar alianzas por su cuenta.
La fiesta de cumpleaños de Paula era la ocasión perfecta: la familia Gómez había invitado a todas las familias importantes de Rivella, empresarios influyentes, políticos y hasta figuras de escuelas, hospitales y otras instituciones públicas.
Si Macarena quería hacer contactos y alianzas, no habría mejor oportunidad.
Sabía bien que, una vez que se divorciara de Fermín, difícilmente tendría acceso a tantos recursos y personas influyentes.
—¿Estás segura de hacer esto? —Ronan echó un vistazo a Fermín, que estaba en el escenario—. Puede que Fermín se moleste.
—Ya le he dado suficientes motivos para enojarse, uno más no hará diferencia —contestó Macarena con tranquilidad—. Además, en los negocios cada quien busca cómo sobrevivir. Las empresas grandes se comen a las chicas, y las pequeñas solo sobreviven si aprovechan cualquier oportunidad. Fermín lleva años en esto, no creo que algo tan simple le sorprenda.
Y, para ser sincera, aunque no le hiciera enojar, Fermín tampoco iba a tener piedad con UME.
Macarena no mostraba apego alguno a los sentimientos; en su mirada solo se leía hambre de recursos y un futuro mejor.
Ronan no supo si eso era bueno o malo.
...
—Ronan. —Una voz masculina, profunda y firme, se escuchó detrás de ellos.
Ronan y Macarena voltearon al mismo tiempo.
El hombre que se acercaba era de mediana edad, vestía una camisa color vino con un aire tradicional, y su expresión imponía respeto incluso sin necesidad de levantar la voz.
Macarena lo reconoció de inmediato: era Hilario Torres, cabeza de la familia Torres y padre de Ronan y Lea.
Tras la muerte de su esposa, madre de Ronan y Lea, Hilario había cambiado de esposa seis veces. Algunas se divorciaron, otras fallecieron, pero casi todas le dieron uno o dos hijos.
A pesar de tantos matrimonios y descendencia, Hilario siempre supo mantener la armonía, tanto con sus parejas como con sus hijos, y la familia Torres nunca había tenido escándalos internos.
Hacia afuera, sostenía a la familia con firmeza, y hacia dentro, la manejaba con destreza.
Macarena siempre lo había respetado mucho.
Al menos, hasta que años atrás, por el bien de la familia, Hilario había obligado a Lea a casarse con Dante. No le importó la voluntad de su hija; cuando ella estaba al borde del colapso, la obligó a tomar pastillas para dormir y la llevó directo a la cama de Dante.
Fue entonces cuando Macarena entendió que Hilario no era tan simple como ella pensaba.
—Macarena, también estás aquí —Hilario le dedicó una sonrisa amable.
Por lo de Lea, Macarena aún guardaba cierto resentimiento, pero no podía ser grosera con quien la saludaba con cortesía.
Así que, como antes, lo saludó:

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