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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 206

A Macarena le resultaba imposible no notar los gestos de Fermín y Abril sobre el escenario.

Sin embargo, no les prestó atención. Siguió recorriendo la sala entre la multitud, repartiendo sus tarjetas de presentación y promocionando las virtudes del robot inteligente UME, además de hablar de las posibles ganancias que una colaboración futura podría aportar.

Algunas personas, aunque por dentro la menospreciaban, fingían interés y aceptaban la tarjeta, solo para entregarla de inmediato a algún asistente o secretario que tuvieran al lado.

Otros ni siquiera se tomaban la molestia de aparentar cortesía: rompían la tarjeta frente a ella y la tiraban directo al bote de basura.

Incluso había quienes, al verla acercarse, fingían no haberla visto y se escabullían entre la gente.

Macarena entendía perfectamente por qué lo hacían: era su manera de demostrar lealtad al Grupo Gómez.

Aunque UME ya empezaba a sonar en Rivella, el Grupo Gómez seguía siendo intocable en la ciudad.

Por el momento, aunque la tecnología y la reputación de UME superaran por mucho a las del Grupo Gómez, nadie se atrevía a enfrentarse abiertamente a esa familia.

De todas formas, conseguir que le aceptaran la tarjeta era apenas el primer paso.

Cuando UME lograra tener voz propia en Rivella, aquellos que hoy la despreciaban volverían a pensar sus alianzas.

Una vez se aseguró de haber contactado a todos, guardó las tarjetas que le quedaban.

Tenía la boca seca de tanto hablar.

Iba a buscar un mesero para pedir un vaso de agua, cuando de repente sintió un empujón fuerte en la espalda.

Por poco se va de bruces. Al girarse, se topó de lleno con la mirada burlona de Carmen Molina.

Macarena ya había notado a la familia Molina al llegar, pero había preferido evitar el saludo para no buscar problemas.

Jamás imaginó que Carmen la buscaría a propósito.

Carmen soltó un bufido y dijo:

—Si yo fuera tú, ni hubiera venido hoy a pasar vergüenza. Debe ser duro ver a tu esposo tan cariñoso con otra, ¿no te duele?

Mientras hablaba, señaló disimuladamente hacia el escenario.

Macarena le sonrió tranquila.

—Si yo fuera tú, no andaría diciendo tonterías que solo me dejan en ridículo. Al menos yo sí tuve la oportunidad, y no como otras que solo se quedan viendo y se ponen amargadas.

—¡Tú...!

La cara de Carmen se puso verde de coraje.

Pero en vez de estallar, se contuvo. No había ido para pelear con Macarena.

Además, en los últimos tiempos Macarena parecía haber cambiado radicalmente. Ya no era la de antes; ahora respondía como si se le hubiera soltado un tornillo, atacando sin descanso.

Carmen no sabía cómo lidiar con eso.

Pero tenía a alguien más fuerte de su lado.

—Mi papá te busca, quiere que vayas con él —dijo, señalando con un gesto de la cabeza.

Macarena miró en la dirección indicada y vio a Gerardo Molina no muy lejos, brindando con alguien.

—¿Para qué me llama? —preguntó Macarena.

—¿Y yo qué sé? Si quieres saber, ve y pregúntale tú. Aunque escuché que tiene que ver con lo de tu mamá.

El semblante de Macarena se oscureció de inmediato al oír eso.

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