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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 207

Todos guardaron silencio, y las miradas que dirigieron a Paula estaban llenas de respeto.

Aunque la familia Gómez había llegado a Rivella hacía poco tiempo, en cuestión de años lograron colocarse en la cima de la ciudad.

Además de que Nelson y Fermín demostraban una capacidad impresionante, la base sólida que Paula había cimentado para la familia Gómez era innegable.

Por eso, aunque Paula ya tenía setenta años, seguía controlando la mayor parte de las acciones de la familia Gómez, y nadie se atrevía a cuestionar esa decisión.

Sin embargo, hoy, aunque nadie lo mencionó abiertamente, todos sabían que más allá de celebrar el cumpleaños de Paula, había otro asunto fundamental: la entrega de sus acciones.

Las miradas que lanzaban a Fermín estaban llenas de sentimientos encontrados.

Había preocupación, miedo, incluso terror—y, por supuesto, quienes buscaban congraciarse con él.

Fermín ni siquiera había mostrado todo su poder aún, pero ya era temido por todos en Rivella.

Si el traspaso de acciones se concretaba, nadie quería imaginarse lo que sería enfrentarse a él.

Por eso, cualquiera que cometiera el error de enfrentarlo ahora, estaría cavando su propia tumba.

Pensando en eso, varios no pudieron evitar mirar a Macarena, quien hacía poco había intentado provocar a Fermín. Internamente, algunos ya le estaban rezando por adelantado.

Algunos, buscando demostrar lealtad, no dudaron en enviarle a Fermín un mensaje contándole cómo Macarena le había pasado su tarjeta de presentación, incluso le mandaron una foto de la tarjeta hecha pedazos, asegurando que jamás harían negocios con UME.

Fermín vio el nombre de Macarena en los pedazos de la tarjeta y el logo de UME, y soltó una risa cargada de desprecio.

Intentar desafiar a los Gómez era tan inútil como una hormiga queriendo mover una montaña.

Aunque UME tuviera futuro, en cuanto el Grupo Gómez se involucrara, no durarían mucho.

Le bastó con echarle un vistazo y no le dio más importancia.

Estaba por apagar el celular cuando este vibró de nuevo.

Abrió la aplicación que tenía notificaciones.

Era una red social muy popular en el círculo empresarial, y la alerta venía de un post de apuestas.

Un mes atrás, alguien había iniciado una apuesta sobre su vida matrimonial: la gente debía apostar si él se divorciaría o no.

Ese tipo de apuestas extrañas nunca faltaban.

A Fermín le parecían absurdas.

No pensaba prestarle atención, pero al entrar notó que había más participantes de los que imaginaba, y la gran mayoría apostaba por el “divorcio”.

La proporción entre las apuestas de divorcio y no divorcio era de nueve a uno, una diferencia abismal.

Nunca pensó que tanta gente deseara verlo divorciado.

En ese momento, lo meditó y apostó una suma considerable a que “no se divorciaría”.

No es que sintiera especial cariño por Macarena, pero después de cinco años ya se había acostumbrado; no veía necesidad de terminar el matrimonio.

Los demás sólo participaban por diversión, y las apuestas no superaban los pocos miles; tal vez por la cantidad que él puso, después de su jugada, la proporción se estabilizó en tres a uno.

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