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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 211

Después de que Paula se marchó, no pasó mucho tiempo antes de que Macarena y Benicio también salieran juntos del salón donde se celebraba la fiesta de cumpleaños.

Benicio alzó las cejas, con tono juguetón, y comentó:

—Felicidades, Macarena, en nada te vas a convertir en la mujer más rica de Rivella.

—Vaya ojo el mío, ¿eh? Quién diría que iba a conseguirme una novia tan guapa y adinerada.

Se rio suavemente y tomó la mano de Macarena, llevándola hacia su rostro. Con cariño, frotó su mejilla en la palma de su mano, como si quisiera grabar en su memoria ese contacto.

Quizá por tanto ayudar en casa, las manos de Macarena tenían algo de dureza, pero el centro de su palma seguía siendo suave. Desde que se besaron, Benicio había quedado enganchado, como si de pronto el cuerpo de Macarena tuviera un hechizo que no le permitía alejarse. En el escenario, minutos antes, no pudo evitar tomarle la mano a escondidas.

En ese momento, Macarena le lanzó una mirada de advertencia, pero incluso molesta, tenía algo especial que la hacía ver adorable.

—¿Y ahora que te vas a hacer rica, no me vas a dejar de lado? —Benicio gimió un poco, fingiendo estar preocupado.

La palma de Macarena le cosquilleaba con ese gesto.

Ya que su relación con Benicio se había hecho pública, dejó de esconderse y permitió que él jugara con su mano. Respondió, intentando consolarlo de verdad:

—No voy a dejarte, Benicio. Pero tampoco me voy a hacer rica. La familia Gómez nunca va a dejar que me quede con esas acciones.

Tal vez su abuela sí quería dárselas de corazón, pero los Gómez tenían mil maneras para impedirlo. Firmar el acuerdo solo servía para ganar tiempo.

Desde que firmó, mucha gente había cambiado la forma en que la miraban. Incluso varios se le acercaron y le dieron tarjetas de presentación a escondidas. Antes, todos estaban convencidos de que ella y Fermín iban a divorciarse, así que la trataban como una pieza descartada. Para quedar bien con Fermín, hasta buscaban alejarse de ella lo más posible.

Pero ahora que la abuela había anunciado que las acciones de la familia Gómez serían para Macarena, la gente ya no sabía si debían mantener distancia o intentar acercarse de nuevo. Era momento de volver a calcular sus jugadas.

Benicio sonrió y le besó el dorso de la mano. Se dejó envolver por el aroma tenue del jabón de Macarena, un olor que solo ella tenía.

—¿Y tú quieres esas acciones? —preguntó Benicio, bajando la mirada con una chispa de complicidad—. Si tú de verdad las quieres, y la familia Gómez no te las da, yo te ayudo a conseguirlas.

Macarena se quedó quieta, sin saber qué responder.

En ese momento, sonó el celular de Benicio. Él lo sacó y contestó.

No supo qué le dijeron, pero la sonrisa de Benicio se congeló apenas un segundo antes de volver a relajar el gesto.

—Entendido. Ya voy.

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