Carmen no esperaba que Macarena le contestara así. Se puso tan molesta que la cara se le puso roja de coraje.
—¿Y quién dice que corre la misma sangre por nuestras venas?
—Eso es —respondió Macarena, asintiendo como si estuviera pensando—. Tienes razón, hay personas que llevan en las venas la sangre de un padre y de la amante.
Carmen explotó.
—¡Tú...! ¡Macarena, te atreves a hablar así de mi mamá! ¡Estás loca!
Gritando, Carmen levantó la mano para soltarle una bofetada a Macarena.
Pero Macarena, rápida, le detuvo el brazo.
—¿Yo qué dije? ¿Acaso dije que tu mamá era la amante?
—¡Tú misma lo estás admitiendo! —reviró Macarena—. Eres tú quien se está poniendo el saco, ¿no?
Carmen se quedó sin palabras.
La chica que estaba cerca, otra de esas niñas ricas, también se quedó boquiabierta.
Ella solo sabía que Carmen era hija de la familia Molina, pero no tenía idea de la verdadera historia detrás.
Al escuchar la discusión, la mirada que le lanzó a Carmen cambió, y con una sonrisa forzada, se apresuró a tomar sus cosas de las manos de Carmen.
—Carmen... mejor te dejo, tengo algo pendiente. Nos vemos.
Y sin darle oportunidad a Carmen de detenerla, salió casi corriendo, como si huyera.
—¡Espera...!
Carmen vio cómo la otra se alejaba, y entre la rabia y la frustración, sintió ganas de llorar pero no le salieron las lágrimas.
Macarena ni la volteó a ver. Se dio la vuelta y se marchó sin decir nada más.
—¡Tú... tú...! ¡Macarena, te vas a arrepentir! ¡Vas a ver, le voy a contar a papá y a mamá!
Carmen pisó fuerte el suelo, desahogando su enojo.
Al ver que Macarena se alejaba sin mirar atrás, se sintió más humillada, pero no tenía idea de cómo desquitarse.
Estaba a punto de irse cuando, de repente, se le ocurrió algo y se detuvo.
Sus ojos se posaron en el letrero de la entrada: “Registro Civil”.
¿Registro Civil?
Recordó que hace un momento Macarena había salido de ahí.
¿A qué vino ella aquí?
...
Y mucho menos para preocuparse por su relación con Fermín.
Eso solo podía significar una cosa: algo raro pasaba.
Macarena no se apresuró a responder.
—Si tiene algo que decir, dígalo de una vez.
—Ah, es solo un pequeño asunto —contestó Gerardo, soltando una risita incómoda—. Escuché que la familia Gómez planea invertir en una nueva área, y justo coincide con un proyecto que estoy preparando.
—Si puedes platicar con Fermín, en vez de buscar otra empresa, ¿por qué no hacer una alianza entre la familia Molina y la Gómez...?
No necesitaba que terminara la frase. Macarena ya había entendido perfectamente lo que quería.
Desde que se casó con Fermín, Gerardo había aprovechado esa relación para obtener inversiones de la familia Gómez una y otra vez, perdiendo grandes sumas de dinero en el proceso.
Ella ya le había hablado varias veces del tema, pero Gerardo siempre le salía con lo mismo:
—¿Qué importa perder un poco de dinero si la familia Gómez tiene tanto? Además, yo te di en matrimonio, somos familia.
—Mi única intención es que todos salgamos ganando —decía—. Solo ha sido mala suerte, pero estoy seguro de que la familia Molina no va a estar estancada toda la vida.
Pero la realidad era otra: hasta ese momento, la familia Molina había pedido casi una decena de inversiones a la familia Gómez.
Y en cada una, habían perdido hasta el último peso.

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