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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 233

Macarena le contó a Benicio, a grandes rasgos, lo que había pasado.

Todo el asunto entre ella y la familia Molina ya era un chisme conocido en Rivella. Si Benicio hubiera querido enterarse, no le habría costado nada, así que tampoco tenía razón para ocultarlo.

Sin embargo, después de convivir durante un tiempo con él, Macarena ya tenía una idea bastante clara de cómo era Benicio.

Benicio era elegante y siempre se comportaba con distinción, pero su lengua era afilada.

Le encantaba responder sarcásticamente a la gente y disfrutaba cuando dejaba a alguien sin palabras.

Tal como esperaba, después de escucharla, Benicio aceptó sin dudarlo.

Acordaron un horario para reunirse y, después de eso, Macarena regresó a la oficina.

...

—¿Macarena llevó a Benicio a la casa de la familia Molina?

Al atardecer, en el despacho de la casa de los Gómez.

Fermín, tras escuchar a Ernesto, golpeó la mesa y se puso de pie de repente.

—¿Estás seguro de lo que viste?

Ernesto asintió y puso sobre la mesa las fotos que había tomado.

En la foto, el carro estacionado frente a la casa de los Molina era, sin duda, el de la señorita Molina.

Apenas un par de días antes, él mismo había mandado ese carro al taller, así que no había manera de confundirse.

Las dos figuras que entraban juntas por el portón de la familia Molina también eran, sin lugar a dudas, Macarena y Benicio.

Fermín sostuvo la foto por una esquina, observando la silueta de ambos de espaldas. Sus ojos oscuros se volvieron cada vez más sombríos.

Sintió de nuevo ese vacío en el pecho.

Un leve dolor se expandió por su corazón.

Desde la última vez que salió furioso, se había arrepentido de inmediato.

Quizá, después de todo, sí se había pasado de la raya.

Más tarde, le envió mensajes para disculparse, pero Macarena jamás le respondió ni uno solo.

Al principio pensó que tal vez estaba tan ocupada que ni tiempo tenía para contestar.

Pero ahora...

Resultaba que estaba ocupada presentando a su nuevo novio con la familia.

Los dedos de Fermín apretaron la foto con más fuerza.

Con tono molesto, miró a Ernesto.

—¿Hiciste lo que te pedí la última vez?

—Señor Gómez, ya hablé por teléfono con la señorita Molina —contestó Ernesto, nervioso.

Recordó que, tras aquel regreso furioso del señor Gómez, él mismo le había dado la instrucción de contactar a Macarena.

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