Cuando Gerardo fue a abrir la puerta, apenas alcanzó a escuchar unas voces conversando afuera, pero no distinguió lo que decían.
Con algo de desconcierto, abrió la puerta. Al ver a Benicio parado ahí, no pudo evitar la sorpresa.
¿Benicio?
¿Qué hacía él en ese lugar?
Recordó que, en la última fiesta de cumpleaños, había escuchado a Benicio decir que él y Macarena eran pareja, pero luego investigó y supo que Benicio cambiaba de novia como de camisa. Jamás pensó que esa relación duraría, y mucho menos que Macarena pudiera traerlo a la familia Molina.
Macarena notó su confusión, pero no se detuvo a explicarle nada.
—¿Las fotos? Vine por las fotos —dijo, directa.
Gerardo arrugó el ceño y fingió un dolor profundo.
—¿Tantos años sin vernos, y así le hablas a tu papá en cuanto llegas?
Macarena iba a contestar algo cuando, de pronto, otra figura apareció desde el interior de la casa.
—Macarena, qué bueno que regresaste.
Una voz grasienta y empalagosa la sobresaltó. Segundos después, vio un rostro gordo y conocido, una mirada diminuta y relamida que la recorría de arriba abajo.
El cuerpo de Macarena se tensó al instante.
—¿Eres tú?
El recuerdo le llegó de golpe.
Esa noche, en la gala benéfica de la familia Oliva, fue él quien intentó ponerle algo en la bebida.
Gerardo sonrió, fingiendo tranquilidad.
—Así que ya conoces a Marco, entonces no hace falta que los presente.
Parecía que no le importaba, pero Macarena notó un destello de incomodidad en su mirada. Evidentemente, él ya sabía lo que había pasado esa noche.
Era obvio: Marco se le había acercado por órdenes de Gerardo, o quizá de Regina.
—Qué gusto que todavía te acuerdes de mí, Macarena —se burló Marco, mostrando todos los dientes—. Es un honor, de verdad.
Macarena sintió como si una corriente helada le recorriera la espalda.
En ese momento, entendió perfectamente la intención de Gerardo.
La verdad, antes de venir ya sospechaba que este repentino interés de Gerardo tenía que ver con su divorcio de Fermín. Imaginó que trataría de emparejarla con alguien, forzarla a casarse por el bien de la familia, para que ayudara a su mamá a levantar de nuevo a los Molina.

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