Al ver cómo la expresión de Fermín se volvía cada vez más sombría, el corazón de Lisa se hundió aún más.
En el fondo, ahora que Macarena no estaba, podía decir que, excepto el pescado, todos los platillos los había preparado ella. Pero le aterraba que, si Fermín no le creía y le pedía que fuera a la cocina a preparar algo en ese momento, la mentira se vendría abajo.
No entendía por qué Fermín de pronto se interesaba en un asunto tan trivial.
Aun así, su mente no paraba de trabajar, buscando una manera de librarse de la culpa. Podía decir que había sido Macarena quien insistió en cocinar y que ella sólo le ayudaba de vez en cuando; o también que no cocinaba porque Macarena se lo había pedido. Total, sin Macarena presente, dijera lo que dijera, Fermín terminaría creyéndole.
Pero antes de que pudiera abrir la boca, Fermín preguntó con voz cortante:
—¿Algo más?
—No, sólo eso lo hace la señorita Molina, lo demás sí lo hago yo con mucho cuidado —aseguró Lisa, tratando de sonar firme.
Sin embargo, Fermín notó cómo sus ojos titubearon por un instante.
Enseguida recordó las cáscaras de semillas que encontró tiradas en el piso hace unos días y la basura con cáscaras de pitaya que nadie había sacado.
Fermín, lleno de rabia, soltó una risa burlona:
—Si es así, ahora mismo voy a revisar las cámaras de la casa. Quiero ver con mis propios ojos lo dedicada que eres.
—¿Cámaras?
El sudor comenzó a escurrirle por la frente a Lisa.
¿Cómo era posible que nunca supiera que había cámaras en la casa?
Fermín, como si adivinara sus dudas, dejó escapar una carcajada seca:
—Hace dos años alguien entró a la casa sin permiso. Macarena se asustó tanto que pidió instalar cámaras. En realidad eran para protegernos, pero mira, hoy hasta sirven para esto.
Al escucharlo, Lisa se quedó helada.
Recordaba haber oído sobre aquel incidente, pero nunca imaginó que Macarena realmente hubiera instalado cámaras.
No le preocupaba tanto que descubrieran que no hacía el aseo como debía.
Lo peor era que, en secreto, había tomado varias cosas de la casa y se las había llevado.
Si Fermín se daba cuenta de eso...
Un escalofrío le recorrió la espalda. Temblando, se aferró al pantalón de Fermín y rompió en llanto:

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