Macarena había elegido no creerle, así que aunque Fermín marcara cien veces, de nada serviría.
Solo lograría rebajarse aún más.
Con ese pensamiento, Fermín dejó el celular a un lado, salió de la habitación y fue a la cocina con la intención de servirse un vaso de agua.
Al abrir el termo, se dio cuenta de que estaba vacío.
Salió de la cocina y se dirigió al dispensador de agua, pero el garrafón también estaba en las últimas.
Buscó por toda la casa, revisó el refrigerador, pero tampoco quedaba agua embotellada. En la cocina, arrimados contra la pared, solo había garrafones vacíos.
Normalmente, era Macarena quien se encargaba de coordinar el cambio de agua cada mes.
De hecho, siempre que él estaba en casa, Macarena se aseguraba de tener agua lista para él, justo frente a su lugar.
Jamás se había encontrado en una situación así.
Pensó en enviarle un mensaje a Macarena para preguntarle cómo resolverlo.
Pero recordando el tono de Macarena de hace un rato, terminó por descartarlo.
Fermín subió las escaleras, se lavó la cara y se acostó en la cama.
El silencio pesaba tanto que a ratos sentía que podía escuchar el latido de su propio corazón.
Mirando el techo, volvió a pelear con el insomnio.
Durante el mes pasado, había batallado mucho para dormir. Todas las noches eran un tormento.
Hacía mucho que no le pasaba algo así.
Parecía que esa dificultad para dormir se había agravado desde que Macarena se fue…
Media hora después, se incorporó, tomó dos pastillas para dormir y se las tragó sin agua.
La noche era profunda. La luz de la luna, clara y brillante, se colaba por la rendija de la cortina e iluminaba el cuarto.
No supo cuánto tiempo transcurrió, pero Fermín acabó sentándose en la cama, medio aturdido.
Sentía la garganta tan seca que le ardía.
—Macarena.
Sin pensarlo, llamó a Macarena por su nombre.
Pasaron unos minutos antes de que se despabilara lo suficiente para recordar que Macarena ya no vivía en la casa.
Se puso de pie, miró la hora: apenas eran las tres de la mañana.
Solo había dormido unas tres horas.
La garganta seguía pidiéndole agua.
Fue al baño para lavarse el rostro y, al abrir la puerta, encontró el piso inundado de agua.
La tubería había reventado y el interior del gabinete estaba empapado.

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