Macarena no abrió la imagen grande, pero ya se imaginaba por qué Abril había mandado esa foto: solo quería presumirle, de manera sutil, lo cercana que se había vuelto con Fermín.
Sin pensarlo más, Macarena eliminó el WhatsApp de Fermín y lo bloqueó de inmediato.
En su momento, ella había guardado el contacto de Fermín solo para tratar los asuntos pendientes de las acciones y por si surgía algún problema con la transición tras el divorcio.
Pero ahora que los mensajes se habían reducido a cosas sin sentido, Macarena decidió que ya no tenía ningún motivo para conservarlo.
Además, al enterarse de que Fermín estaba acompañando a Abril, Macarena dejó de dudar, recogió sus cosas y se preparó para tomar un carro de regreso a su departamento alquilado.
—Te llevo —le ofreció Benicio.
—No hace falta, gracias. Más tarde puedo manejar a la empresa, tú sigue con lo tuyo —rechazó Macarena.
Días atrás, Fermín había hecho que alguien se llevara su carro, diciendo que ya no tenía reparación posible, y hasta le había regalado uno nuevo. Sin embargo, ella contactó a Ernesto para que le devolviera el carro que tenía antes.
No era solo porque ese carro había sido un regalo de su madre y ya se había acostumbrado a él, sino porque, después del divorcio, no quería deberle nada a Fermín.
Al escucharla, Benicio no insistió.
Bajó con ella por las escaleras.
—Entonces, cuando salgas del trabajo en la noche, paso a buscarte —dijo Benicio.
Macarena todavía tenía el corazón agitado por lo ocurrido en la azotea y, por ahora, no tenía ganas de verlo.
No era precisamente que estuviera enojada con él.
Lo que pasaba era que de repente se dio cuenta: Benicio también era parte de la familia Oliva. Y en esa familia todos estaban un poco locos. Más allá de lo que cada uno pudiera obtener del otro, ella, en verdad, no debería acercarse tanto a él.
—Hoy no puedo, tengo muchas cosas que hacer. Mejor hablamos mañana —le soltó Macarena.
Benicio, al ver la mirada poco convencida de Macarena, se dio cuenta de que solo buscaba zafarse.
Él no la desenmascaró. Solo le tomó la cara con delicadeza y le dio un beso suave en la frente.
Con una leve sonrisa, Benicio le susurró:
—Bueno, entonces mañana te busco.
Macarena asintió sin mucho ánimo.
Al llegar a su departamento, lo primero que hizo fue cambiarse por ropa limpia.
Después de maquillarse un poco, tomó su bolso y condujo hasta la empresa.
Apenas llegó, vio a Piero caminando de un lado a otro frente a la entrada, claramente nervioso.

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