Macarena supuso de inmediato que Benicio había movido sus hilos.
Le contó a Piero que había acudido a él en busca de ayuda.
—No creo que sea una trampa —aseguró ella.
Piero suspiró aliviado.
—Menos mal. En ese caso, firmaré el contrato de inmediato.
Esa tarde, con la aprobación de Perla y Moana, Macarena fue a recoger a Capitán y se lo llevó a la casa que compartían.
El vuelo de Benicio salía de día. Macarena quiso pedir permiso en el trabajo para llevarlo al aeropuerto, pero él insistió en que no era necesario.
Ella no quiso forzar las cosas.
A fin de cuentas, solo era un viaje de quince días, y podrían hacerse videollamadas. No había necesidad de ser tan empalagosos.
Pero las buenas noticias no terminaron ahí. Ese mismo día, el Grupo L.L se comunicó con ellos. Al parecer, estaban al tanto de los problemas técnicos que habían sufrido y accedieron a darles una prórroga de quince días para la entrega.
Con el proveedor asegurado y la extensión del plazo, la crisis estaba oficialmente conjurada.
En Estudio UME, todos respiraron tranquilos.
Para evitar que una catástrofe similar se repitiera, Macarena y Ronan acordaron reforzar la seguridad en la fábrica con rondas de vigilancia estrictas.
Durante sus ratos libres, Macarena se dedicó a diseñar un regalo para Benicio.
Buscó inspiración en internet y, usando un software de modelado 3D, fusionó sus rasgos faciales con los de él.
El resultado la dejó fascinada.
El rostro virtual parecía el de un niño, el hijo de ambos.
Por un segundo, fantaseó. *Si Benicio y yo tuviéramos un hijo, probablemente sería así de lindo.*
En cuanto ese pensamiento cruzó por su mente, se quedó helada y lo borró de inmediato.
No quería hacerse ilusiones. Mientras más esperanzas albergara, más dura sería la caída.

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