Fermín temblaba tanto que los dientes le castañeaban, y varias veces estuvo a punto de sacar el celular para mandarle un mensaje a Macarena.
Pero al final, se contuvo.
Macarena decía que ya no le importaba, pero él sabía que ella seguía molesta con él.
En el fondo, Fermín despreciaba tener que recurrir a ese tipo de estrategias para llamar su atención, pero también tenía claro que, si no hacía algo así, Macarena jamás volvería con él.
No supo cuánto tiempo pasó, pero Fermín volvió a quedarse dormido, sumido en esa extraña mezcla de cansancio y resignación.
...
Mientras tanto, Macarena no había alcanzado a instalar cámaras en la casa, así que ni siquiera sospechaba que alguien había entrado.
Ella estaba completamente enfocada en otro asunto: junto a Piero y el gerente de ventas, se dedicaba a promover los nuevos productos de UME entre varios posibles distribuidores en Rivella, buscando expandir la red de ventas y ganar la mayor cuota de mercado posible.
Sacó el montón de tarjetas de presentación que había reunido antes y, dejando la vergüenza a un lado, fue llamando uno por uno.
La mayoría de esas tarjetas las había conseguido durante la fiesta de cumpleaños de Paula, cuando todos intercambiaron contactos de manera cordial.
Algunos ya la habían contactado antes, pero casi siempre la conversación terminaba en nada después de un par de palabras amables.
Sin embargo, ahora tenía ventas, datos y buenas opiniones del mercado que respaldaban su discurso, así que Macarena sentía que podía hablar con más confianza.
Aun así, después de llamar a todos, seguía sin obtener resultados. Los que no la rechazaban de forma cortés, le decían que necesitaban pensarlo y que si surgía algo, la buscarían.
Esa frase, “si surge algo”, tenía un doble sentido. Macarena, que ya había tratado con gente experimentada, entendía perfecto que en realidad solo estaban esperando. Si llegaba a conseguir parte de las acciones de la familia Gómez, tal vez le abrirían las puertas; de lo contrario, siempre tendrían alguna excusa para no comprometerse.
Tras terminar todas las llamadas, Macarena seguía sin nada entre manos.
Piero, frotándose la oreja de tanto hablar, se le acercó con el ceño fruncido y soltó:
—Llamé a todos, pero casi todos ya decidieron quedarse con los productos del Grupo Gómez.
Aunque estaba molesto, Piero también se sentía impotente.
Se dejó caer en la silla junto a Macarena, suspiró y dijo, con tono frustrado:
—Todo Rivella es territorio del Grupo Gómez. Intentar arrebatarles una parte del mercado es como tratar de pescar en la arena.
Macarena meditó un momento y asintió:

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