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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 275

—¡Macarena! ¿Qué le dijiste a papá exactamente?

Carmen le gritó con una voz cargada de rabia y desesperación.

Macarena notó que los ojos de Carmen estaban enrojecidos, llenos de venas marcadas, como si ya hubiera llorado antes de buscarla.

Macarena frunció el ceño, confundida por el ataque repentino.

—No entiendo a qué te refieres —respondió, intentando mantener la calma.

—¡No te hagas la inocente! Si no fuera por ti, ¿cómo es que papá, después de hablar contigo, de repente decidió que me tiene que casar? —aventó Carmen, fuera de sí, con el enojo vibrando en cada palabra.

Al escucharla, Macarena por fin entendió de qué estaba hablando su hermanastra.

Ese día en la casa de los Molina, le había dicho a Gerardo Molina que no pensaba sacrificar su futuro por la familia; si él seguía con esas ideas, que pensara en su hija menor. En su momento, Macarena creyó que Gerardo no se atrevería, que sentiría lástima. Pero al parecer, él sí se tomó la sugerencia en serio y ahora quería casar a Carmen por conveniencia.

Por lo visto, la familia Molina estaba en problemas de verdad.

Fermín también estaba decidido a ir hasta el final.

Como Macarena no respondió de inmediato, Carmen pensó que era una confesión tácita, y se convenció de que Macarena había sido quien le metió esa idea a Gerardo.

Antes, Carmen no le temía a nada que Macarena pudiera decir. Gerardo siempre la consentía a ella y a su mamá; nada de lo que Macarena dijera podría cambiar eso. Pero esta vez, Gerardo estaba decidido, y ni Regina Molina pudo hacerlo cambiar de parecer.

Ahora que Macarena estaba cerca de Benicio, seguramente le había contado algo importante. La familia Molina no podía enfrentarse a la familia Oliva, por eso Gerardo había cedido tan fácilmente.

Cuanto más lo pensaba Carmen, más rabia sentía.

No podía creer que Macarena, apenas logrando algo en la vida, ya se comportara de esa manera.

Los ojos de Carmen se llenaron de lágrimas contenidas mientras se acercaba a Macarena con paso decidido.

Al verla venir tan de frente, Macarena pensó que Carmen iba a golpearla y, por instinto, se preparó para esquivarla. Pero para su sorpresa, Carmen se detuvo justo frente a ella y, de pronto, se dejó caer de rodillas con un golpe sordo.

Ese movimiento la tomó completamente desprevenida.

Siempre había visto a Carmen como una chica mimada, orgullosa, incapaz de pedir disculpas aunque estuviera equivocada. ¿Cómo era posible que ahora se arrodillara frente a ella?

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