—UME es el proyecto que Ronan levantó desde cero— explicó Piero, con la voz cargada de una mezcla de orgullo y preocupación—. Durante todos estos años, ha hecho muchas cosas que odia, pero que no ha tenido más remedio que hacer. Para él, UME es como su propio hijo. Si pierde la apuesta...
Piero soltó un suspiro y negó con la cabeza, como si ese desenlace fuera demasiado doloroso de imaginar.
En el rostro de Macarena se dibujó una expresión de asombro, apenas disimulada. Sus ojos reflejaron un torbellino de pensamientos y, por un instante, apretó los labios, conteniendo la respuesta.
Piero creyó que ella había cambiado de opinión y, con otro suspiro, agregó:
—Por eso debemos parar aquí. Si los proveedores suben los precios, ni modo. Siempre podemos importar de fuera o buscar alianzas con otras empresas.
—Ahorita lo más urgente es aumentar las ventas. Si logramos el objetivo en medio año, Ronan habrá ganado la apuesta al regresar.
Macarena negó con la cabeza con decisión.
—¿Y si Fermín se entera de la apuesta? ¿Y si se une con inversionistas extranjeros para presionar a Ronan? ¿Qué haríamos entonces?
La pregunta tomó a Piero por sorpresa. Parpadeó, desconcertado.
—En ese caso, ni siquiera llegaríamos a los seis meses. Quizás ni a tres. La cadena de suministros de UME colapsaría y la empresa no solo no cumpliría la meta, sino que encima su reputación quedaría por los suelos.
Macarena murmuró, casi hablando consigo misma:
—Por eso, tenemos que acelerar nuestro plan.
Piero necesitó un momento para asimilar sus palabras. Frunció el ceño.
—Pero eso es solo una suposición. No tiene que pasar. Además, siempre hay una salida, no te adelantes a los problemas.
A decir verdad, Piero pensaba que Macarena exageraba.
Pero ella volvió a apretar los labios y replicó:
—No estoy exagerando.
—Tú no conoces a Fermín ni sabes cómo se mueve el mercado aquí.
—Ahora UME tiene ventaja en tecnología y materias primas, pero en cuanto el Grupo Gómez logre desarrollar su robot inteligente, con el poder que tienen, UME perderá toda ventaja. Y eso sin contar que aparecerán más competidores. Si no nos adelantamos, vamos a quedar arrinconados.
—Hay cosas que son solo posibilidades, pero hay que prepararse para lo peor. Solo así minimizamos las pérdidas y no caemos en una posición vulnerable.
Macarena tomó una pluma y empezó a hacer cálculos en una hoja.
—Levantar la planta tomaría uno o dos meses. Si empieza a operar en un mes, nos quedarían dos meses para aumentar ventas. Cuando baje el costo...
Abrió la laptop y revisó la situación de proveedores en el extranjero, mientras calculaba mentalmente márgenes y costos.
De pronto, sus dedos se quedaron quietos sobre el teclado.
Dos meses no serían suficientes.
El costo de construir la planta era demasiado alto; para cubrir esa inversión se requeriría más de un año.
Mordió el labio, eliminó el gasto de la planta de la ecuación y volvió a hacer cuentas.
—Así sí alcanza.
Sus ojos brillaron con determinación.
Señaló el monto destinado a la fábrica y le dijo a Piero:

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