En cuanto terminó de hablar, Abril tomó la mano de Macarena.
Aunque Abril tenía una sonrisa en los labios, apretó con fuerza, dejando claro que lo hacía a propósito.
Macarena sintió un pinchazo de dolor en los dedos.
Al ver la sonrisa desafiante en el rostro de Abril, entendió al instante que no era un accidente.
Ya traía coraje guardado contra Abril. A punto estuvo de soltarle un golpe, pero se contuvo, forzó una sonrisa y le sujetó la muñeca a Abril.
—No hace falta, gracias —dijo, con la voz tranquila.
Sin embargo, mientras hablaba, Macarena deslizó la mano por el brazo de Abril y apretó con disimulo.
Recordó las técnicas que Benicio le había enseñado: cómo defenderse usando la fuerza del oponente, cómo desarmar a alguien sin que lo notara, incluso cómo presionar ciertos puntos para dejarle el brazo o el hombro sin fuerza por un rato.
Si Abril quería jugar sucio, Macarena no tenía problema en seguirle el juego.
Con rapidez, ubicó el punto exacto y presionó. Abril soltó un grito ahogado y su brazo cayó, sin fuerza, como si fuera de trapo.
—¿Macarena, qué estás haciendo? —protestó Abril, entre sorprendida y adolorida.
Macarena fingió desconcierto y la miró con inocencia.
—¿Yo? ¿Qué hice?
Benicio se acercó, tomó el brazo inerte de Abril y, con la misma calma de siempre, anunció:
—Está dislocado.
Macarena dejó escapar una risita.
—Señorita Cordero, ¿no será que su salud anda muy mal? Apenas la toqué y ya se le salió el brazo...
—Mejor dedique más tiempo a tomar el sol y a fortalecer los huesos, en vez de andar tanto en la sombra.
—Hoy fue una dislocación, mañana podría ser una fractura.
Abril, con el rostro endurecido de rabia, sostenía su brazo con la otra mano mientras trataba de contener las lágrimas de coraje ante las burlas.
Benicio, sin perder la sonrisa, miró a Fermín y dijo:
—Señor Gómez, debería cuidar más a su prometida. Hoy es el brazo, pero imagínese si en plena boda le falla el dedo y no le puede poner el anillo... Vaya espectáculo.
—Eso sí —añadió Macarena, con tono juguetón—. Aunque la que se lastimó fue la señorita Cordero, el ridículo lo hace la familia Gómez.
Antes de que Macarena pudiera entender, escuchó un —shhh—.
Una hoja afilada salió del anillo, reluciente y peligrosa.
—Cuando lo necesites, te puede proteger —explicó Benicio, colocando un cabello sobre la hoja y soplando suavemente. El cabello se partió en dos al instante—. Puede cortar hasta hierro, y parte un cabello con solo soplar.
—Esto es lo más valioso del anillo.
Macarena, sorprendida y fascinada, sintió un cosquilleo de emoción.
Benicio, notando su reacción, le revolvió el cabello y sonrió.
—Déjatelo. Así me quedo tranquilo.
Al escuchar eso, Macarena ya no se atrevió a rechazar el anillo.
...
Al salir, mientras Benicio iba por el carro, Macarena lo esperó junto a la entrada del centro comercial.
Pensaba en cómo podría mejorar aún más el mecanismo del anillo, cuando, de pronto, una mano grande y áspera le tapó la boca por detrás y la arrastró a la fuerza hacia un rincón oscuro.

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