Sabrina decidió ignorar a Macarena, acercándose a platicar animadamente con Abril. Pensaba que, como siempre, Macarena llegaría con algún regalo para ella.
Incluso ya tenía pensado tirar el regalo a un lado, solo para dejarle claro a Abi lo poco que le importaba lo que Macarena le diera.
Pero pasaron varios minutos y Macarena ni se movió.
De reojo, Sabrina no pudo evitar mirarla, y vio cómo, después de un par de minutos, Macarena se sentó tranquilamente en el sillón junto a ellas, como si nada.
Notó también que Macarena solo traía una bolsa de regalo en la mano.
No parecía que ese regalo fuera para ella.
Sabrina no entendía nada.
¿Acaso el regalo era tan pequeño que lo había guardado en el bolsillo?
No podía ser, porque ese día Macarena llevaba puesto un vestido sin bolsillos.
Al final, Sabrina no aguantó más y le preguntó:
—Macarena, ¿y mi regalo?
Macarena no esperaba que le preguntara de repente, así que se quedó un poco sorprendida antes de contestar:
—No te traje nada.
—¿No me trajiste nada?
A Sabrina se le subió la sangre a la cabeza.
Pareciendo notar el mal humor de Sabrina, Macarena agregó:
—Es que tú siempre dices que no te gustan los regalos que te llevo. Pensé que, aunque te diera algo, igual lo ibas a tirar.
En cuanto escuchó eso, a Sabrina se le bajó el coraje.
Sí, justo eso era lo que había pensado hace un rato.
De repente, Sabrina sintió una especie de incomodidad.
Le parecía que su actitud era como si estuviera pidiéndole un regalo a Macarena.
Eso la hizo enojarse todavía más, pero ahora con ella misma. Así que, medio molesta y medio avergonzada, soltó:
—Tirarlo o no tirarlo es cosa mía, pero comprar el regalo era tu obligación. Mi hermano siempre te da un montón de dinero, si ya ni vives en la casa Gómez, ¿o es que te guardas todo ese dinero para ti?
Eso era lo que más le molestaba a Macarena en el pasado.
No quería que la familia Gómez pensara que era interesada. Antes, siempre se esforzaba en explicar el uso del dinero, para que no la vieran como alguien aprovechada.

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